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Amor, corrupción y goles: aquí analizamos la 3era temporada por completo

Hace 4 años
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¡Cuervos, Cuervos! ¡Ahhhhh!

El pasado 29 de septiembre, tal como ya estaba anunciado, Netflix liberó la tercera temporada de la primera serie mexicana producida para este servicio de streaming. Y es que, a casi un año del estreno de la segunda temporada, ansiábamos saber qué iba a pasar con los Cuervos de Nuevo Toledo y, sobre todo, con la relación de los hermanos Iglesias ahora que se decidieron a compartir la presidencia de dicho club deportivo. Pero, la interrogativa aquí es, ¿esta nueva temporada logró igualar o superar a sus antecesoras?

La historia de esta nueva temporada, a comparación de las anteriores, nos cuenta su argumento en dos tiempos: el primer plano en 2017, donde vemos a personajes como Isabel, Chava o el Potro; y el segundo plano en 1979, donde vemos a Salvador Iglesias padre luchando contra todo para crear su emporio en Nuevo Toledo. Al principio, como con esta serie no estamos acostumbrados a la narración con flashbacks, no le encontramos mucho sentido a saber quién fue y qué hizo el patriarca de los Iglesias. No obstante, con el pasar de los capítulos, entendemos la razón de este tipo de narración.

Salvador e Isabel Iglesias, tras los sucesos de la temporada pasada, tomaron la decisión de comprar y absorber un equipo de primera división con el objetivo de, como es lógico, ascender. Tras este hecho, los hermanos Iglesias se ven en la necesidad de unirse para recuperar todos los privilegios que, los ahora llamados Cuervos Negros Salvajes de Nuevo Toledo, tenían desde mucho antes de descender a segunda división. Ante varios obstáculos, principalmente puestos por el gobernador del estado, los Iglesias se dan cuenta que volver al statu quo no será tan fácil como ellos imaginaban. Es por esto que, ante la negación del gobernador de regresar el estadio y el subsidio al equipo, los hermanos deciden lanzar a Salvador como candidato a gobernador de Nuevo Toledo… y así ¡UNIR IGLESIAS Y ESTADO!

Ante la falta de apoyo del gobierno, los Cuervos Negros de Nuevo Toledo, si es que no quieren descender de nuevo a segunda división, deben cambiar de sede y conseguir un nuevo estadio. Es por esto que los hermanos Iglesias toman la decisión de cambiar su sede a Puebla de los Ángeles. En este lugar, después de que Rafael Reyna fichara a un nuevo jugador, Salvador conocerá a la persona que le dará un twist a su vida: Isabel Cantú, la mimada hija de un voraz empresario que no se detendrá ante nada por ver a su hija feliz.

Después de que Armando Cantú descubriera a Salvador manteniendo relaciones sexuales con su hija, decide dejar las cosas claras… invitándolo a cenar. Tras una plática hombre a hombre, Cantú le expone a Salvador que su hija lo es todo para él y, sin pelos en la lengua, le dice que si su retoño sufría por su culpa, él lo haría sufrir aún más.

Con el pasar de los días, y ante la escasa cantidad de dinero que poseen para contratar jugadores y encargarse de los gastos del equipo, a Salvador se le ocurre la idea de aliarse con Cantú para que este, con sus grandes cantidades de dinero, ayude a que el equipo no se hunda más en la inmundicia. Ante tal propuesta, Armando Cantú acepta sin tapujos, pero con una condición: que su hija trabaje dentro de la administración del club deportivo. Después de saber las condiciones, tanto Salvador como Isabel aceptan sin dudar.

Dentro del draft, ante la incapacidad de Salvador para leer e interpretar un contrato y ante la ausencia de Isabel —estaba hablando con Rafael Reyna, pidiéndole una explicación de por qué le puso los cuernos con otra mujer—, los Cuervos Negros de Nuevo Toledo se ven en la necesidad de reclutar a futbolistas poco particulares: un pepenador, que ha dedicado toda su vida a trabajar en la separación de la basura; un hijo de papi que, aunque él diga que la humildad lo es todo, es bastante arrogante; a Julito, personaje que vimos la temporada pasada en el equipo de Félix; y, entre otros, a Moisés, el altanero futbolista que, después de lo acaecido en la primera temporada, termina jugando en Grecia.

Tras varios acontecimientos en la temporada, Salvador se ve completamente influenciado por las ideas de Isabel Cantú, llegando a tal grado de pelearse con su hermana, aún cuando ya habían firmado el Tratado de Versalles 14. La ambición de la hija de Cantú no tiene medida: tras entrometerse en todos los asuntos administrativos del equipo, se da a la tarea de boicotear los planes de Isabel y Salvador sobre regresar a los Cuervos a Nuevo Toledo.

Después que Salvador descubriera, gracias a la ayuda de su hermana y de Hugo Sánchez, los planes de los Cantú, este decide cancelar el compromiso que tiene con la mujer que sería su esposa. Ante esta decisión, Armando Cantú decide quitar totalmente el apoyo a la candidatura de Salvador y exige a los hermanos Iglesias, como es de esperarse, que le regresen el dinero que este invirtió en el club deportivo.

Con la decisión de Cantú, Isabel y Salvador se ven en la necesidad de exhortar a los Cuervos Negros Salvajes de Nuevo Toledo en Puebla a ganar los próximos partidos, para así recibir el dinero que La Liguilla da a los equipos. No obstante, no cuentan con que la corrupción de Armando Cantú está en todos lados, incluso en el ámbito deportivo. Sin el dinero para pagar la deuda millonaria de los Cuervos, los hermanos Iglesias están al borde de perder no solo la gobernatura de Nuevo Toledo, sino también al equipo de su padre… ¡PARA SIEMPRE!

Esta temporada, con sus escasos 10 episodios, nos muestra un gran dinamismo en sus personajes. Desde Hugo Sánchez —que es el personaje favorito de muchos por su peculiar personalidad—, hasta los miembros de los Cuervos, son personajes bien construidos y bien desarrollados.

Sin duda alguna, el argumento de esta temporada logra estar al nivel del de la primera, o sea, una verdadera una joya. Lo único que puedo criticar es que ¡ISABEL NO SE COMIÓ NINGÚN ELOTE!

🙂

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