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Amsterdam es un desperdicio de estrellas de Hollywood

Hace 2 meses
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Con nombres como Christian Bale, Margot Robbie, Rami Malek, Anya Taylor-Joy, Robert De Niro, esta semana se estrena Amsterdam del renombrado director David O. Russell, una película que cuenta la historia verdadera de uno de los más vergonzosos episodios en la historia de los Estados Unidos.

David O. Russell nos entregó grandes historias con actuaciones igual de grandiosas que fueron de las preferidas en las temporadas de premios:  Jennifer Lawrence ganó el Oscar a Mejor Actriz en Silver Linings Playbook (2012) y Christian Bale a Mejor Actor en The Fighter (2010). Ha sido el único director en tener dos películas consecutivas que han sido nominadas en las 4 categorías principales de actuación en 2012 y 2013. Su último film, Joy (2015), también recibió nominaciones en ese rubro. Así que cuando se anunció su última película, Amsterdam, y el gran cúmulo de actores que se habían agregado, de inmediato se desató la curiosidad de la audiencia y los críticos quienes esperaban que repitiera los honores y nos diera otra película llena de increíbles actuaciones que serían nominadas a los premios más importantes.

Las películas de Russell siempre presentan personajes que se sobreponen a las circunstancias y de manera tragicómica superan las enfermedades mentales, los estigmas, la desesperanza, las carencias; a través del poder de los amigos o la familia se convierten en versiones mejores de sí mismos. Gracias a estas grandes transformaciones es que sus personajes han acumulado nominaciones y todos los actores anhelan trabajar con él. Pero llegó Amsterdam

Con una cantidad masiva de actores y actrices que están en su mejor momento Russell intenta contar una historia del poder de la bondad. Pero el director, al contrario, se muestra cruel contra la audiencia, contra los actores y contra la historia.

Los actores parecen estar corriendo un maratón cada uno a su propio ritmo, y para todos lados. Mientras algunos parecen sobreactuados (Christian Bale, Margot Robbie, Taylor Swift, Rami Malek, Anya Taylor-Joy), otros parece que no tienen ninguna motivación (John David Washington, Chris Rock, etc.). Esta desigualdad le quita autenticidad a la historia y desde los primeros minutos pierde al espectador en una vorágine de narraciones que marean y desequilibran completamente.

Está bien que todos los actores quieran trabajar con Russell, pero no al mismo tiempo. La primera parte de la película parece un desfile de cameo tras cameo, con cada actuación peor que la anterior.

Lo anterior ocurre porque la historia está más que enredada: aunque recurre al clásico truco del flashback para tratar de contar lo que estamos viendo en las primeras secuencias, los primeros minutos reflejan una historia con unos saltos de tiempo que en nada ayudan a la narrativa y que solo sirven para ver el maquillaje exagerado de Christian Bale, otro elemento distractor del resultado final.

Aunque la historia se endereza después de la parte media, ya es demasiado tarde para recuperar a la audiencia quien solo espera la resolución de un crimen que nunca llega.

Pero no todo es desastre: el diseño de producción a cargo de la genial Judy Baker quien tiene en su haber American Hustle, Carol y Hitchcok, por mencionar algunas, es perfecto; cada elemento está colocado precisamente para representar la época de los años 30 con sus grandes mansiones y auditorios.

Cada cuadro está perfectamente planeado gracias a la maestría de Emannuel Lubezki, quien se luce al recrear en momentos la imagen de la década de 1930 y ponerle ese elemento de nostalgia que, desgraciadamente, no salva a la película.

Aunque contar historias verdaderas de época no es algo nuevo para el director, el enfoque que intenta darle subrayando el fascismo, la corrupción y las artimañas políticas y cómo este trio de amigos intentan hacerles frente está bien pensado pero plenamente mal ejecutado.

Este intento de mezclar una historia del cine negro con drama político y presentarlo de una manera tragicómica se queda en un esfuerzo y en una parodia de sí mismo.  Es una lástima que una de las películas que más esperábamos por su cantidad de star power y de nominaciones que arrastra el director se pierda en un plot tan enredado y deficiente que lejos de provocar risas, ternura o seriedad genera el enojo de la audiencia, la misma que se siente defraudada porque lo que le vendieron como una posible obra maestra está tan lejos de eso como Amsterdam de los Estados Unidos.

Aún así, vale la pena verla por los méritos técnicos, y a través de ellos alcanzará varias nominaciones. En lo demás, seguramente, serán varios Razzies.

https://www.youtube.com/watch?v=5-fdolGGo5Y

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