Las princesas de Disney: un GRAN ejemplo de los cambios sociales de la evolución de la mujer

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Los contenidos audiovisuales cargan en sí mismos los valores de los contextos históricos y sociales en los cuales fueron creados. Es por eso que, al momento de analizar una producción cultural de cualquier índole, ya sea una obra de arte, un libro o una película, debemos tener en cuenta el momento histórico, social y económico en el cual fue realizado ya que a través de las expresiones artísticas se transmiten ciertos valores e ideologías que tienen que ver con lo que se sucedía en ese momento particular, y en caso ser desde una postura crítica también tiene que ver con la ideología y valores predominantes de ese momento histórico.

¿Por qué esta introducción? Porque al ponernos a analizar la evolución de las princesas de Disney con respecto a los cambios sociales que han marcado la historia de los derechos de la mujer no podemos ignorar los contextos históricos, más aún teniendo en cuenta que los productos audiovisuales además de representar un contexto histórico y social determinado, se quiera o no se quiera, ayudan a lo que se denomina la creación de un sentido común y de imaginarios populares en la sociedad, principalmente cuando son producciones masivas dentro del mainstream.

Ralph Breaks the Internet (2018) Fuente: The Walt Disney Company.

Antes de comenzar nuestro análisis debemos aclarar que solo analizaremos a aquellos personajes que son consideradas Las princesas de Disney, no todos los personajes femeninos de Disney ya que ahí tendríamos otro trabajo por delante. También aclaramos que tampoco tendremos a la Princesa Leia ya que es princesa de Disney solamente porque tienen los derechos de Lucasfilm.

Ahora sí, empezamos con la denominada etapa inicial de las princesas originales, o también llamada “la etapa clásica”, que abarca el periodo de entre 1937 y 1959, o sea la presentación de Blancanieves de Blancanieves y los siete enanitos (1937), Cenicienta de La Cenicienta (1950) y Aurora de La Bella Durmiente (1959).

Blancanieves y los siete enanitos (1937). Fuente: The Walt Disney Company.

Blancanieves, Cenicienta y Aurora conforman el grupo de las más sumisas de todo el listado, y si bien algunos ojos intentan encontrarle una lectura de empoderamiento, debemos mencionar que en los contextos en los cuales se desarrollaron eran los hombres quienes poseían no solo el poder (algo que no se ha modificado mucho) sino también todos los derechos: trabajar, estudiar, votar y poder pertenecer al dominio de lo público. En contraposición, las mujeres no salían del ámbito privado siendo las encargadas de las tareas domésticas, principalmente valoradas para casarse y tener hijos. Imagínense que para el estreno de Blancanieves en 1937 el voto femenino no estaba aprobado a nivel mundial, solo por nombrar uno de los muchos derechos que aún no existían. Algunos pocos países lo iban incorporando, hasta que recién en 1948 se reconoció internacionalmente el sufragio femenino a través de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Eso a nivel derechos, pero socialmente faltaba mucho para que las mujeres tengamos acceso a los básicos.

También debemos destacar que en el caso de esas tres princesas, y en realidad en la mayoría, los guiones fueron escritos por hombres desde una perspectiva masculina ligando aspectos fuertes: ser sumisas, tener las tareas de cuidado a su cargo y que solo un hombre puede traerle la salvación.

La Bella Durmiente (1959). Fuente: The Walt Disney Company.

La segunda etapa denominada “era del renacimiento” de Disney, es tomada por algunos estudiosos del tema como de transición: luego de 30 años volvemos a tener princesas como protagonistas. Aquí nos referimos a la etapa que comienza con Ariel en la película La Sirenita en 1989 y termina con Mulan de Mulan en 1998. En este grupo tenemos además a Bella en  La Bella y la Bestia de 1991, Jazmín en Aladdin de 1992 y Pocahontas en Pocahontas de 1995.

Antes de adentrarnos a los avances que vamos encontrando en cada una de estas princesas es importante destacar que en esos 30 años que pasaron desde Aurora hasta Ariel también hubo algunos avances en cuanto derechos de la mujer y su cambio de rol dentro de la sociedad.

Ejemplificamos lo anterior. Durante la década de 1960 transcurrió “la segunda ola” del feminismo también denominada por algunos estudiosos del tema como “feminismo radical”. De todas sus luchas podemos destacar la que tiene que ver con la autonomía de la mujer con su propio cuerpo (desgraciadamente en algunas partes del mundo se sigue luchando por eso…).. Se logró que el rol de la mujer se modifique. Las mujeres cambiaron su plano de acción, no solo estar sujetas al ámbito privado sino que ya tenían un poco de dominio de lo público: estudiar e incluso trabajar fuera de casa.

La Sirenita (1989). Fuente: The Walt Disney Company.

Pero como comentamos al comienzo de este artículo, las épocas marcan tendencias, y el rol de la mujer era muy distinto en la década de 1980, ni hablar en la década de 1990. En esos años las princesas dejaron de ser tan pasivas. ¿A qué me refiero? Con Ariel de La Sirenita conocimos a una princesa que era aventurera y que, sobre todo, desafiaba la opresión de su padre. Ok,  si bien deja todo por un príncipe, la realidad es que ella es quien decide, y ya pedirle a Disney que en esos años fuera contra el amor romántico es MUCHO.

La Bella y La Bestia (1991). Fuente: The Walt Disney Company.

Algo peculiar sucede con Bella de La Bella y la Bestia desde sus orígenes: si bien la versión original de 1740 de Gabrielle Barbot de Villeneuve era una crítica a la sociedad patriarcal de la época, Disney tomó una versión mucho más edulcorada como lo es la de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont de 1756. Sin embargo, la princesa de la Casa del Ratón ama estudiar y su meta no es casarse (a no ser que sea por amor), un quiebre muy importante del imaginario de Disney. La transición de la década de 1990  es bastante fuerte. A su vez, otro dato particular: es la primera película de princesas Disney con una mujer en el guion.

Y es que en esta década que estamos analizando las princesas demuestran su personalidad y no se conforman con lo que la sociedad les impone, como Jazmín de Aladdin, quien quiere ser ella quien elija con quien casarse; además es lo bastante ruda para pelear codo a codo con el protagonista masculino Aladdin sin que él sea quien la rescate. En el caso de Pocahontas tenemos a la primera princesa ecologista que no solo es de las pocas que no abandona todo por perseguir el amor romántico, sino que además se impone a su tribu y a los colonos priorizando el respeto a la naturaleza.

Para cerrar está fase por supuesto debemos hablar de Mulan quien, si bien no es formalmente princesa, está dentro de la franquicia. Ella presentó a la mujer guerrera total, que poco tiene del llamado sexo débil. Realmente un icono del feminismo, que no solo demuestra la fortaleza del género sino la importancia de trabajar codo a codo, sin importar las diferencias.

Mulan (1998). Fuente: The Walt Disney Company.

Llegamos a la llamada tercera época, la época actual, en la que cada vez más las princesas se separan de aquello que vimos en la década de 1930. El quiebre definitivo. Por supuesto los avances con respecto a los movimientos feministas son mayores, ni hablar de los últimos 7 años, principalmente en Latinoamérica. En está última etapa tenemos a Tiana de La Princesa y el Sapo (2009), a Rapunzel de Enredados (2010) y a Mérida Brave (2012).

Comencemos con Tiana, la primera princesa afroamericana. Su sueño es abrir su restaurante. Si bien en su trama hay una situación romántica, no es el eje de la historia. En el caso de Rapunzel, tenemos a una princesa de armas tomar: no olvidaremos a la sartén, que desafía a su madre porque su sueño es poder conocer el mundo. Por último, Mérida, quien desafía todo lo que las antiguas princesas construyeron al negarse a tener que casarse.

Enredados (2010). Fuente: The Walt Disney Company.

En este camino de gran quiebre, el rol de la mujer es mucho más importante en la sociedad y la cultura que cuando Blancanieves se estrenó. Es por eso que para cerrar este análisis sobre cómo cada princesa de Disney representa el contexto social en el que fue creado, y sobre todo las obligaciones y la visión que se tenía sobre las feminidades, el broche de oro llega de la mano de Elsa y Anna de Frozen (2013), película en la que se ironiza sobre el amor a primera vista y, a su vez, y lo más importante, tenemos una princesa que es salvada por el amor a su hermana permitiendo correr del todo la figura del príncipe. Y, ok, de la mano de Anna tenemos el amor romántico, pero la historia de amor se aleja de todas las que vimos, en las que todo giraba alrededor de ser parejas destinadas.

Luego de Anna y Elsa tenemos a Moana de Moana (2016). En esta película directamente tenemos a una protagonista que no espera nada de su padre ni de una unión sino que quiere salvar a su pueblo de la destrucción siendo así quizás la más empoderada de todas las princesas.

Moana (2016). Fuente: The Walt Disney Company.

¿Conclusión? Es en estas princesas, las de la etapa actual, en las que vemos reflejada como principal meta la libertad: el amor no solamente proviene de un interés romántico. Son personajes que construyen su propio futuro reflejando lo que todavía muchas seguimos luchando. Ser libres por completo sin tener miedo, pero sí teniendo algo: los mismos derechos.

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