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La segunda temporada nos introduce aún más en la vida de la familia Gardner

La primera temporada de la dramedia de Netflix nos había sorprendido con una historia protagonizada por un adolescente con autismo, una representación poco común dentro del género coming of age y que resultaba sumamente llamativo. La serie creada por Robia Rashid intentó mostrar el día a día de una persona con TEA (Trastorno del Espectro Autista) que acababa de cumplir la mayoría de edad y que poco a poco está buscando su independencia. El principal motor de la trama radicaba en el deseo del joven Sam Gardner (interpretado por Keir Gilchrist) de tener novia y experimentar sus primeras relaciones sexuales, un tema bastante tabú en lo que concierne a las personas con necesidades especiales. Pero sin duda, lo más importante tenía que ver con exponer su relación con el grupo familiar y como ellos habían amoldado su vida en pos del bienestar del muchacho.

Si la primera entrega demostró que no todo giraba en torno en Sam, esta nueva temporada le da muchísimo más espacio a las historias de los otros miembros de la familia Garner, quienes ahora deben lidiar con nuevas crisis e importantes revelaciones.

Todo comienza exactamente donde finalizó la temporada anterior, con Doug (Michael Rapaport) descubriendo la infidelidad de Elsa (Jennifer Jason Leigh) con el joven barman. Aquello ha llevado inminentemente a la ruptura de la pareja, quienes ahora viven en hogares separados. Si el vínculo entre Elsa y su hija Casey (Brigette Lundy-Paine) ya resultaba bastante tenso, en esta ocasión la joven se muestra aún más distante de su madre, a quien se rehúsa a perdonar por lo ocurrido, tratándola de forma sarcástica siempre que puede.

Por otro lado, Casey finalmente se enfrenta a su nuevo desafío académico como estudiante de la prestigiosa preparatoria Clayton, a la cual ha logrado ingresar gracias a una beca por atletismo. Pero las cosas resultan aún más complicadas de lo que imaginaba cuando no logra encajar con sus compañeros, la mayoría hijos de familias acomodadas, y una de las chicas del equipo parece dispuesta a hacerle la vida imposible.

Otro de los personajes recurrentes cuya historia también tiene lugar en esta segunda parte es la terapeuta Julia (Amy Okuda), quien ha tomado la determinación de no volver a tomar a Sam como paciente luego del desdichado evento sucedido hacia el final de la temporada pasada. Ella ahora está embarazada, pero su negación a aceptar esta nueva fase de su vida la ha llevado a ocultárselo a su familia.

Luego de sus inútiles insistencias para volver a ser tratado por Julia y de haber intentado desfavorablemente retomar su tratamiento con otros psicólogos, Sam ha comenzado a asistir a un grupo de apoyo de jóvenes con TEA. Dirigido por la consejera de su colegio, esta especie de terapia grupal motiva al joven a independizarse cada vez más de sus padres, tomando incluso la decisión de ir a la universidad y elegir una carrera relacionada con el arte. Esta iniciativa sorprende a su familia, especialmente a Elsa, quien ya había planeado por su cuenta todo un futuro para Sam luego de su graduación.

Indudablemente, el personaje de Casey logra robarse gran parte de nuestra atención en esta nueva entrega. La temporada pasada habíamos visto a la adolescente lidiar con el hecho de ser una constante protectora de su hermano mayor y como todo en la vida familiar giraba en torno al muchacho. Ahora que ambos asisten a diferentes colegios, de alguna manera Casey ha empezado a focalizarse más en sus deseos y conflictos. En un momento en que las hormonas adolescentes se encuentran a flor de piel, vemos una Casey bastante más irritable y angustiada. Mientras que la exploración sexual ha pasado a un segundo plano para Sam, en el caso de su hermana toma mayor relevancia, planteándose así una nueva búsqueda que seguramente será uno de los temas más importantes a tratarse en la próxima tercera temporada.

Cabe señalar que el vínculo de complicidad tan genuino que fluye entre Sam y Casey siguen siendo lo mejor del programa y no podemos dejar de emocionarnos con cada escena compartida por los jóvenes. A pesar de sus recurrentes enojos y ataques de ira, Casey demuestra todo su cariño y paciencia hacía su hermano, a quien está dispuesta a ayudar en esta significativa etapa de transición.

Podemos decir que la segunda temporada ha logrado su objetivo al darle un buen espacio narrativo a cada uno de los miembros de la familia sin dejar de lado la trama de Sam. La crisis matrimonial que lleva a Elsa a tomar un cambio radical en su personalidad y el camino de Casey le otorga una nueva perspectiva mucho más amplia a la serie. Todo esto sumado a la incorporación de 8 actores con Trastorno del Espectro Autista en el nuevo grupo de terapia de Sam, una decisión más que aplaudida.

Nos queda ahora aguardar la confirmación de una próxima entrega que narre los pasos del protagonista finalmente dentro del mundo universitario, algo que sin duda será interesante de ver.

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