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¿Por qué Bandersnatch merece solamente 2.5 estrellas de 5?

Uno de los hitos del final de 2018 fue la llegada de la película / episodio de Black Mirror titulado Bandersnatch. Ya te dejamos una reseña, lo que dijo la crítica y todos los finales alternativos con los que te puedes topar.

Más allá del contenido que ya hemos deslizado en nuestro sitio, la nueva propuesta de la serie que consideramos la gema de Netflix deja mucho por hablar. Nos parece que es momento de, en un claro homenaje a la producción, darle un puntaje, como bien hace el crítico de videojuegos ante el desarrollo de Stefan Butler (Fionn Whitehead): creemos que el más acertado es de 2.5 estrellas de 5. Pero, ¿por qué?

Sin dudas, Bandersnatch se merece una muy buena puntuación ya que conserva lo mejor que Black Mirror nos supo dar: empezando por grandes actuaciones, siguiendo por el delicado trabajo de imagen y ambientación, pasando por los efectos especiales que son de avanzada y más allá, recavando en la teoría que el mundo de la serie es uno solo y su intertextualidad es todo (los episodios titulados Nosedive, Metalhead y White Bear son obvios guiños), finalizando con un soundtrack que es exquisito.

Bandersnatch no deja nada al azar: todos sabemos que Netflix sigue invirtiendo para que sea el producto clave de su catálogo.

Pero no todo es color de rosas, no todo representa un final perfecto, y el puntaje baja considerablemente. Bandersnatch falla muchísimo, sobre todo por la importancia que se le dio desde un principio a la supuesta originalidad del producto y cómo la experiencia sería atrapante. Mucho tiempo antes Julio Cortázar con su novela Rayuela; luego con la serie de libros de Elige tu propia aventura; más cercano, el videojuego Heavy Rain, un thriller psicológico / drama interactivo desarrollado por Quantic Dream y distribuido por Sony Computer Entertainment para diferentes versiones de PlayStation: los casos de interacción son muchos y hasta mejor desarrollados.

El guión de Bandersnatch no dice nada, pero nada de nada más allá de una sencilla importancia que se le da a generar una empatía trunca con el espectador otorgándole esa suerte de modo omnipresente, modo Dios, frente al personaje principal, que no existe ni va a existir nunca, menos aún cuando no se nos permite, en muchos casos, terminar como querríamos, obligándonos a retroceder en la historia. Sumando a esto que decimos debemos destacar uno de los posibles finales: en plena batalla entre Stefan y la Dra. Haynes (Alice Lowe), una suerte de cuarta pared se rompe completamente y se muestra que Stefan es un actor en set de Black Mirror. El resultado de esta idea ya un poco pasada de moda (y a su vez ya utilizada en la serie) del mundo es teatro y/o teatro dentro del teatro es algo anquilosado, aburrido, que se vuelve denso; se siente como si las diferentes “partes” fueran creadas muy a destiempo y hasta con el peso de las agujas del reloj encima.

Tal vez tanta atención al método de entrega de este producto dejó de lado del desarrollo de algo que siempre dejó en claro Black Mirror: los personajes hacen la historia (¿acaso no te hubiera gustado saber más sobre Colin Ritman (Will Poulter)?), y la historia es la clave del éxito.

Esperamos que el equipo de producción de la serie vuelva al camino que mejores resultados dio y que sepan olvidarse estos intentos de neo surrealismo. La experimentación, muchas veces, en vez de expandir el campo lo contrae.

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