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Una huelga y Netflix: la clave del éxito de Breaking Bad

Hace 2 semanas
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Cuando se habla de Breaking Bad, gran parte del público la recuerda perfectamente debido a que la historia de transformación de un hombre que pasa de protagonista a villano no era usual en la televisión. Esto mismo la llevó a convertirse en un éxito global, que además de tener un buen recibimiento del público, ganó el reconocimiento de la prensa especializada, colocándola entre las 10 mejores series de la historia. Pero su llegada a la cima no fue fácil… Incluso podría decirse que fue fortuito, ya que desde su lanzamiento tenía todo en contra para triunfar, y no precisamente por su trama, sino por las circunstancias en las que debutó.

Fue el 20 de enero de 2008 cuando la nueva serie del entonces casi desconocido Vince Gilligan llegó a la pantalla de AMC, cadena que albergó esta producción de Sony Pictures Television durante cinco temporadas. Su piloto tenía todos los elementos necesarios para atrapar a la audiencia que iba a iniciar un viaje, el cual nadie sospechaba hasta donde iba a terminar.

Un profesor de química, Walter White, recibe la noticia que padece cáncer y deja todo para convertirse en cocinero de metanfetamina con el único propósito de conseguir dinero para su tratamiento y asegurar el futuro de su familia en caso de su muerte. Su desesperación y cero conocimientos del mundo del narcotráfico lo llevan a aventurarse en este camino junto a su ex alumno, Jesse Pinkman, quien tiene los contactos que él necesita para distribuir su producto. Pero nada será tan fácil como creían: entrar a ese mundo criminal los lleva a casi perder su vida.

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Hasta ahí todo bien, la serie logró cautivar a la audiencia, más aún cuando el primer episodio comienza con el final donde no hay vuelta atrás: la policía está por atraparlos. Pero pese a este emocionante episodio, nadie imaginaba que el resto de su primera temporada bajaría el ritmo para hacer una cocción lenta del drama de un hombre que debe enfrentar la muerte sabiendo que ha sido un fracasado en la vida y que su paso no dejó ninguna huella. La acción vista quedó casi nula para dar paso a un drama familiar de un matrimonio que luchaba contra una enfermedad mortal, a la par que veíamos cómo está pareja de novatos criminales también hacían frente a las decisiones que tomaron para salvar sus vidas en medio del desierto de Albuquerque.

Breaking Bad se transmitía a través de una señal de televisión de restringida en la noche de domingo y marcó 1.41 millones de espectadores en su primer episodio y 1.49 en el segundo, generando un alza del interés de ese piloto. Pero debido al giro de su ritmo, el resto de las entregas mostraron una tremenda baja en audiencia, logrando que menos de un millón de espectadores depositara su confianza en esta serie, lo cual solo podría significar una cosa: cancelación. Por suerte, el final de esa primera temporada reflejó 1.5 millones de espectadores, superando el bache que había en sus emisiones previas y contando que hasta ese momento la única ventana de estreno era la televisión y sus repeticiones, además de la venta y renta de los nuevos episodios a través de servicios digitales como iTunes que no definían el éxito o fracaso de una producción.

Breaking Bad había estrenado en medio de una huelga de escritores en Hollywood, hecho que le afectó directamente al tener que presentar una primera entrega de siete y no nueve episodios como estaba programada, lo cual fue un punto a favor de Aaron Paul, quien conquistó a la audiencia y fue personaje regular cuando estaba planteado como un personaje que iba a desaparecer. La huelga provocó un desajuste en la industria, dejando a las cadenas sin nuevos guiones para poder elegir y dar luz verde a nuevas producciones que llenaran sus parrillas televisivas.

Crédito: AMC

Tras casi cuatro meses de demandas, los guionistas llegaron a un acuerdo económico que cumplía con un mejor pago a sus servicios. Esto llevó a muchas cadenas, incluida AMC, a dar segundas oportunidades a series en la línea de la cancelación para seguir contando sus historias en favor de no quedarse sin producciones para su parrilla, ya que el proceso de elección de nuevos guiones sería largo y hubiese provocado más retrasos.

Breaking Bad se benefició de este hecho sumado a que su primera entrega logró cuatro nominaciones al Emmy, ganando dos estatuillas, una para Bryan Cranston como mejor actor principal en una serie de drama. Todo esto causó una buena impresión en la cadena que vio en esta producción la oportunidad de dejar de preocuparse solo por el éxito comercial y ser reconocida como una cadena innovadora, más tomando en cuenta que venían de haber aprobado un proyecto tan arriesgado como lo fue Mad Men.

La segunda temporada, que estrenó en marzo de 2009, fue recibida de forma similar a su primera entrega en cuestión de rating, pero mejorando la calificación de la prensa especializada. Cranston se llevó, por segundo año consecutivo, el premio de mejor actor de drama en los Emmy, haciendo que la serie siguiese obteniendo un reconocimiento a nivel industria, lo que le valía su continuación. De misma forma fueron recibidas las temporadas 3 y 4, mejorando un poco el rating en gran parte al conflicto que un personaje como Gus Fring (Giancarlo Esposito) había generado.

Y aunque el público y la crítica de EE.UU. hablaba bien de ella, en el resto del mundo se desconocía casi por completo. Cabe aclarar que en ese momento la industria dependía casi por completo de los resultados del mercado local, y el mercado internacional no marcaba ninguna tendencia para la toma de una decisión. Fue así como la expansión de Netflix a nivel global rompió con esas barreras de distribución de producciones no tan grandes que buscaban ser vistas más allá de sus fronteras.

Crédito: AMC

Entre los primeros territorios a los que Netflix llegó fue a Latinoamérica, donde poco a poco el público de la región, que siempre había sido poco favorecido por las cadenas y compañías de televisión restringida, fue conociendo la nueva forma de mirar televisión, descubriendo el formato ya de forma oficial. Es más, me atrevería a decir que antes de Netflix gran parte del público no estaba ligado a la industria televisiva formalmente: temas como la tradicional temporada de estrenos que marcaba la televisión estadounidense, cancelaciones, spinoffs, premios, etc., estaban fuera de su radar.

La apuesta de Netflix fue ofrecer un inmenso catálogo trayendo no solo clásicos del cine al alcance la mano, como lo fue la trilogía de El Padrino o varias películas de la filmografía de Steven Spielberg, solo por mencionar algunos ejemplos, sino también de apostar por nuevas series como Breaking Bad que encontraron a un nuevo público, de forma masiva, que pudo acercarse a la misma y que logró que la plataforma se diese a conocer a nivel masivo. El público latinoamericano marcó un interés inusual por una historia estrenada hacía cuatro años atrás. Lo mejor es que se enfrentaba a ella de una forma diferente: no había espera semanal por un nuevo episodio, tampoco la de un año por una nueva temporada.

El viaje de Walter White y Jesse Pinkman comenzó a dar frutos. Prueba de ello fue que Sony Pictures Entertainment de la región se dio cuenta del éxito que tenía entre manos y no había explotado. La serie no tardó en ser programada en AXN y posteriormente en la señal local de AMC, todo esto producto de lo conseguido a partir de Netflix y el ruido que ya causaba el próximo estreno de la temporada final en EE.UU..

Todo este fenómeno llevó a que una serie considerada casi de culto se convirtiese en una serie de éxito que hoy, a quince años de su estreno, seguimos hablando de ella y que nos dio un universo extendido a través de la gloriosa Better Call Saul y la película El Camino; mismas que en Latinoamérica fueron distribuidas por Netflix, confirmando el éxito de esta a través de esta plataforma.

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