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El sueño americano y el yin y el yang en la mejor serie estadounidense del 2018

Las familias siempre se alzan y caen en América. Esta frase atribuida a Nathaniel Hawthorne, uno de los pilares literarios de Estados Unidos, resume no solo la trama de la serie Cobra Kai, sino también toda la historia del conflicto Daniel-Johnny desde la primera película (The Karate Kid, 1984) y el estilo de vida americano por completo.

Estados Unidos se construyó de Este a Oeste, desde el Atlántico al Pacífico de manera violenta, viviendo al límite, con una mano adelante y otra atrás, buscando un destino de prosperidad, la supervivencia del más apto. Y no es casual que desde el comienzo de la trama toda de estos dos actuales maestros del arte del karate como son Daniel (Ralph Macchio) y Johnny (William Zabka) esto se vea reflejado.

Recordemos. Daniel llega a Los ÁngelesCalifornia (Oeste de los Estados Unidos), desde el Este, más exactamente desde Newark, New Jersey, acompañando a su madre, quien busca progresar en su vida, yendo detrás del verdadero sueño americano: casa, trabajo, bienestar general. Johnny, el chico rico-popular local, se enfrenta a Daniel por una razón primordial: su novia flirtea con el nuevo. ¿Resultado? Bullying y violencia. Todo termina de solucionarse a través de un enfrentamiento en la final del All-Valley Karate Tournament, en la misma que Daniel vence a Johnny. O sea: el débil vence al poderoso, se queda con la chica, progresa en la vida tanto en lo espiritual como en lo material. Sueño americano cumplido. 

¿Cómo insertamos a Cobra Kai en este relato? La reciente serie producida por la gente de YouTube no solo repite la fórmula antes mencionada de la búsqueda y posesión del sueño americano, sino que demuestra que el alzamiento y la caída de toda familia de los Estados Unidos está a la orden del día y que, a su vez, eso lleva a generar un círculo que se acerca a la concepción milenaria del Yin y el Yang.

Los roles se invierten, y vemos cómo Johnny pasó de tener una vida muy acomodada a ser un paria social, un borracho y despreocupado norteamericano que vive del pasado… bah, cuyo pasado lo atormenta. Del otro lado, Daniel, de pobre muchacho que se moviliza en bicicleta pasa a ser dueño de concesionarias de autos lujosos… la vida le sonríe.

Y aquí la caída, y aquí el alzamiento, el cambio de coordenadas: Johnny lucha de manera leal (y hasta graciosa) por reabrir el Dojo Cobra Kai, por lograr un acercamiento a su hijo, por educar a niños que han sido pisoteados a lo largo de su vida (aunque sabemos que el dinero es uno de los motivos fuertes para hacerlo); Daniel empieza a perder la batalla de la tranquilidad primero por lo mucho que le molesta la presencia de Johnny nuevamente en su vida y luego al percatarse que su familia realmente no es tan perfecta como debería ser (pensemos en su hijo, un joven vago y maleducado; pensemos en su hija, una chica que deja, en un comienzo, de ser amable para transformarse en una zorra popular).

A esto le podemos sumar las figuras de los aprendices de cada uno de los maestros de las artes marciales: por un lado tenemos a Miguel Diaz, aprendiz de Johnny, un proto Daniel pero ecuatoriano que se va delineando a lo largo de los episodios como un Johnny de pura cepa; por otro lado, Robby Keene, hijo de Johnny pero aprendiz de Daniel, prototipo de su padre pero que se va ajustando al estilo de vida de los LaRusso. Estos dos jóvenes, Miguel y Robby, son perfectas extensiones de sus predecesores, son la representación excelente del conflicto que perdura: una chica bonita que es amada, luego maltratada, que después (suponemos) será reconquistada por el enemigo y etc. etc. etc. La historia se repite, eternamente.

La figura del Yin y el Yang es lo primero que se nos viene a la mente: sin Daniel no hay Johnny, sin Johnny no hay Daniel, sin Miguel no hay Robby, sin Robby no hay Miguel, sin pobres no hay ricos, sin ricos no hay pobres.

Cobra Kai camina por esa línea delgada, por esa turbulencia constante de un presente que se va construyendo marcha adelante y marcha atrás, tironeando las historias, no haciendo que la linealidad sea el alma, sino una simple excusa para ver los 10 episodios.

Por esto y por mucho más que desde It’s Spoiler Time ya hemos comentado, sin dudas la producción de YouTube es la mejor serie estadounidense del 2018.

PD: artículo dedicado a Victorio y Emmanuel, dos ávidos fans de la Técnica de la Grulla.

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