El deepfake digital es la verdadera arma de doble filo de la historia del cine

Hace 3 meses
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Mario Moreno ‘Cantinflas’ falleció hace tres décadas, lo que no le impide ser un inmortal en toda la extensión de la palabra. Después de todo, ningún amante del cine podría en duda la etiqueta cosechada con una hilarante filmografía que aprovechó al humor para plasmar toda clase de dilemas sociales y que se apoyó además en una disparatada forma de hablar, una serie de singulares movimientos y un atuendo sencillamente inconfundible.

No menos representativo es que su legado siga creciendo hasta nuestros días. Así lo demostró la RAE con la oficialización de la palabra cantinflear, además de actores de renombre como Johnny Depp que hace poco manifestó su admiración por el histrión e incluso su deseo de encarnarle. Más importante aún es el hecho de que millones de personas sigan disfrutando con sus películas como desde el primer día.

Cualquier aficionado al cine aceptaría gustoso la oportunidad de ver a Cantinflas de regreso, pero no a toda costa. Esto incluye lo hecho por una cadena de supermercados que recurrió al deepfake (videos manipulados con herramientas o programas dotados de inteligencia artificial para hacer creer que una persona realiza declaraciones o acciones que nunca ocurrieron) para un singular comercial que muestra al comediante clamando su orgullo por ser mexicano, exaltando la cocina nacional y enalteciendo las distintas profesiones del país. Todo normal hasta aquí. Se empieza a distorisionar cuando cae en tendencias contemporáneas como el formar un corazón con las manos o referirse a los influencers y al ‘feis’. Mención aparte para los movimientos francamente mecanizados que señalan que, por más real que parezca de primera instancia, lo que estamos viendo no es humano. Un fenómeno que responde al nombre de valle inquietante.

Aunque si de sucesos inquietantes se trata, habría que destacar que no es el primero, sino uno más de una larga lista que incluye nombres como Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y Bruce Lee. Todos rescatados para un último papel cuya valía no recae en el talento demostrado en vida, sino en la cada vez mayor sofisticación de los procesos tecnológicos.

https://youtu.be/EpzUryzTZGc

Usos y desusos

A pesar de la enorme polémica que le rodea, sería injusto satanizar al deepfake y otras técnicas similares sin un juicio previo, ya que como todo avance tecnológico, su desarrollo viene acompañado de usos positivos y negativos. Centrémonos exclusivamente en los del cine.

Su evolución puede sobreponer los rostros de los actores estelares en los cuerpos de sus stunts en busca de secuencias cada vez más elaboradas, algo que ya se hizo en La batalla de Mustafar del Episodio III (2005), entre muchos otros proyectos. También podría ser clave para alcanzar rejuvenecimientos digitales más convincentes y no le habría venido mal a esa secuencia de El irlandés (2019) en que un joven Frank Sheeran (Robert De Niro) golpea a un hombre con la movilidad de un adulto mayor.

Recordemos además que las distintas técnicas de resurrección digital han sido clave para salvar rodajes aquejados por la muerte de actores, lo que va de Brandon Lee en El cuervo (1994) u Oliver Reed en Gladiador (2000) a Nancy Marchand en The Sopranos (1999), Phillip Seymour Hoffman en Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2 (2015), Paul Walker en Rápidos y furiosos 7 (2015).

Más polémico, pero comprensible aún, es cuando actores finados son revividos para emular viejos papeles de franquicias con el fin de evitar el recast y garantizar la continuidad. Tal fue el caso de Marlon Brando y Peter Cushing, cuyas recreaciones para Superman regresa (2006) y Rogue One (2016) vinieron acompañadas de importantes dilemas, pues aunque eran sus rostros y voces, ¿podemos considerar que eran realmente sus interpretaciones?

Las cosas se retuercen todavía más con incursiones injustificadas. Tal fue el caso de Capitán Sky y el mundo del mañana (2004) que se apoyó en material de archivo para insertar el rostro de un Laurence Olivier fallecido 15 años antes, o de una Carrie Fisher que no recibió la oportunidad de emular a su princesa Leia en la ya mencionada Rogue One tras ser reemplazada por una imagen sobrepuesta de su rostro en la actriz Ingvild Deila. A esto se suma el creciente número de comerciales que muestran a toda clase de actores promocionando toda clase de artículos que quizá nunca consumieron o utilizaron. Tal fue el caso de Fred Astaire danzando con una aspiradora durante el SuperBowl XXXI, Marlene Dietrich, Grace Kelly y Marilyn Monroe coincidiendo para promocionar un perfume, o el propio Cantinflas exaltando la mexicaneidad de un supermercado.

Y finalmente el inminente salto de la resurrección digital para roles de cada vez mayor jerarquía. Tal será el caso de James Dean, quien regresará a la pantalla tras casi 70 años de su fallecimiento para la cinta bélica Finding Jack. Esto luego de que su director Anton Ernst considerara que “buscamos por todas partes el actor perfecto para interpretar el papel de Rogan, que tiene arcos extremadamente complejos, y después de meses de investigación, nos decidimos por James Dean“. Una aseveración curiosa si consideramos que el personaje en cuestión será construido por el trabajo conjunto de histriones que servirán de base para los movimientos, animadores, programadores e incluso algoritmos, pero nunca de James Dean, y una tendencia que de continuar podría atentar directamente contra el desarrollo de nuevos talentos.

El deepfake y las distintas técnicas de resurrección digital no deben ser desechadas, pero sí que deberían ser empleadas con discreción. Es un hecho innegable que pueden dar grandes aportaciones a la industria, pero también que pueden dañarle en lo más profundo de sus bases al atentar contra el legado de las máximas leyendas, al punto que las nuevas generaciones quizá no les reconozcan por su labor en clásicos como Casablanca (1942), Desayuno con diamantes (1961) o La vuelta al mundo en 80 días (1956), sino por anunciar refrescos, chocolates o supermercados. No menos grave es que sus palabras sean tergiversadas en beneficio de intereses particulares y que en un futuro no tengamos la certeza de qué dijeron y qué no, lo que a su vez atentaría directamente contra la imagen personal que construyeron a lo largo de sus respectivas vidas.

“Aquí me tienen delante de ustedes y ustedes delante de mi”, decía Cantinflas, “y es una verdad que nadie podrá desmentir”. Al menos hasta ahora, pues las resurrecciones digitales han provocado que nos lo pensemos dos veces. Y ahí está el detalle.

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