El merchandising es el verdadero objetivo detrás de la nostalgia – Spoiler Time
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El merchandising es el verdadero objetivo detrás de la nostalgia

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Si no se gana en la pantalla, se lo hace en los escaparates.

Ha quedado claro, a lo largo de todo lo que hemos estado analizando durante esta semana, que la nostalgia es sin duda una de las más grandes (sino la más grande) aliadas del cine y la televisión en estas épocas. Ya lo hemos dicho: basta ver los estrenos tanto en la pantalla chica como en la grande como para tener esa sensación de que no hay nada nuevo bajo el sol, todo es reboot, remake, secuela, precuela, etc.

Sin embargo, el negocio de la nostalgia va más allá de los estrenos. Las ganancias, para aquellos que financian las películas y las series que vuelven a traer a la vida los clásicos que supimos disfrutar, no se encuentran únicamente en las ventas de taquilla o en las suscripciones a plataformas de streaming. De hecho, eso es solo una pequeña parte. El verdadero negocio está en otro lado: en el merchandising.

Cuando miramos los estrenos tanto de cine como de televisión, podemos ver una no tan pequeña invasión de películas y series que, de algún modo, se conectan con las décadas de los 80 y los 90. Para los que somos millennials y andamos retozando entre los 30 y los 40 años básicamente todas estas producciones hablan de nuestra infancia y, a su vez, el merchandising que sale de todas estas producciones (camisetas, figuras coleccionables, tazas, llaveros, etc., etc., etc.) se conecta directamente con los deseos de consumo que teníamos en la infancia.

¿Qué ha cambiado desde aquella década del 80, o del 90 a hoy? Que ahora no dependemos de la billetera de papá o mamá sino de la propia y todos esos caprichos que no se nos cumplieron cuando niños podemos cumplirlos nosotros mismos.

Si a ese potencial de poder cumplirnos nuestros propios caprichos porque ahora, adultos, estamos inmersos en el mercado laboral y la sociedad de consumo le sumamos el juego que el cine y la televisión hacen con la nostalgia, la única respuesta es el éxito. ¿Quién, que sea de mi generación, no ha invertido su buena moneda en un Funko, en un Lego de Star Wars o en una camiseta con el diseño de Ghostbusters o Jurassic Park?

Para entender un poco el acierto que es económicamente para las compañías basta con ver lo redituable que se volvió para Disney invertir en algo tan antiguo como Star Wars. Y no lo digo solamente por el éxito de las nuevas producciones, para nada, porque no podemos olvidarnos de que, para muchos fanáticos que esperaban con ansias las nuevas películas, la última trilogía fue una desilusión, sino porque desde que Disney es poseedor de este universo, ha podido explotarlo al extremo: presencia en los parques temáticos, hoteles inspirados en Star Wars, nuevos personajes que parecen pensados a la perfección para convertirse en el regalo perfecto. ¿Quién no tiene aunque sea un pequeño Grogu en casa? Basta imaginar las ganancias que genera Baby Yoda en todas sus formas (muñeco, tacita, medias, almohadones, etc.) para visualizar cuán redituable fue la inversión de Disney en Star Wars.

Lo mismo se puede extender a cualquier remake o reboot, de Disney o no. Más allá de que el filme o la serie de televisión sea exitosa, sirve para hacer un revamping de todo el merchandising. Por ejemplo, en una franquicia tan exitosa como la de Harry Potter, los filmes de Fantastic Beasts no estuvieron ni cerca de ser tan monumentales como lo fueron las entregas de la primera saga, ¡pero eso no importa! ¡El Wizarding World está más vivo que nunca! No solo a través de la venta de libros y entradas de cine y parques temáticos, sino con toda una colección nueva de merchandising que revive toda la magia de Hogwarts y de los animales fantásticos que le dan nombre a esta nueva saga.

¿Y quién compra toda esa nueva parafernalia? Los fans, los fans acérrimos que estuvieron allí en el comienzo y que seguirán estando. Incluso, algunos, ahora padres o madres o tíos o tías aprovechan para abrirle las puertas a esos mundos que tanto supieron disfrutar en sus infancias a sus hijos, hijas, sobrinos y sobrinas. Y sí, adivinaron, una forma de abrirles la puerta es regalándoles todo tipo de muñecos, figuras coleccionables, juegos, disfraces y un largo etcétera.

¿Pasa entonces esta ola de nostalgia en el cine y la televisión por hacer buenas películas y buenas series? Sí y no. Por supuesto, los estudios, los directores, guionistas, actores y en general los equipos enteros que trabajan detrás de estas grandes producciones desean realizar un buen producto. Sin embargo, como ya hemos analizado en otros artículos, al presentar una historia que toca de lleno en la nostalgia de los espectadores, ese camino es, cuanto menos, empinado: que si la fidelidad, que si hay demasiado cambio o corrección política, que si la versión anterior era mejor o si la nueva respeta todas las reglas del lore, etc., etc., etc.

Así y todo, aunque las taquillas no acompañen a los filmes, o el rating, o las críticas, muchas veces esas remakes, reboots, precuelas y demás no significan pérdidas totales. Si no se gana en la pantalla, se lo hace fuera de ella, reviviendo y relanzando todo tipo de merchandising mientras la historia sigue en boca de todos.

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