¿Cómo saber cuándo es el momento de terminar una franquicia?

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La historia nos dice que nada es para siempre y aun así el ser humano se aferra a desafiar esta premisa. No sólo con la búsqueda de vidas cada vez más longevas, sino con manifestaciones artísticas que prevalezcan como un legado para todos los tiempos. Tal es el caso del cine y la televisión, cuyos mensajes son capaces de trascender las barreras del tiempo por generaciones.

Sin embargo, existen ocasiones en las que estos esfuerzos se distorsionan con franquicias que, si bien ocupan un lugar especial entre el público –así lo demuestran los números de taquilla y/o audiencia–, en ocasiones se extienden de maneras tan innecesarias que terminan atentando contra sí mismas y por ende, contra el aprecio del público.

¿Cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir adiós?

El fin de la trilogía

Hubo un tiempo en el que las trilogías pacerían ser la máxima extensión de una franquicia. El concepto no se remonta al cine silente que dio las primeras ni a Star Wars que las popularizó, sino a los festivales de Dionisio en la Antigua Grecia cuyas competencias teatrales requerían la inscripción de tres tragedias que formaran parte de una sola historia y que fueran complementadas por un epílogo en forma de sátira. Con el tiempo la estructura narrativa fue adoptada por la literatura y eventualmente por el cine, donde se convirtió en una alternativa tan natural que los proyectos con potencial vinculaban a sus elencos por tres películas.

Algunos proyectos no concretaron el objetivo por sus tibios resultados en taquilla (Rocketeer) o por diferencias que iban de lo creativo a lo mercadológico (el Batman de Burton), pero muchos otros lo lograron deambulando muy cerca de la perfección absoluta con historias finitas que garantizaban un inicio, un clímax y un desenlace bien definido. Tal fue el caso de la ya mencionada Star Wars, pero también de Indiana Jones, Volver al futuro, El padrino, El Señor de los Anillos, Toy Story y muchas películas más.

Pero el éxito de estos proyectos fue tal que lejos de disiparse, su popularidad fue creciendo con el tiempo, lo que hizo que sus respectivos creadores se preguntaran sobre posibles expansiones. Algunos se negaron rotundamente a la idea. Tal fue el caso de Bob Gale, cocreador de Volver al futuro y quien alegara que “contamos una historia completa con la trilogía […]. Lo que vas a lograr es crear comparaciones con las originales [y] como padres orgullosos, no vamos a vender a nuestros hijos para que se prostituyan” [vía]. Pero muchos otros no dudaron en hacerlo, como fue el caso de George Lucas o Peter Jackson, quienes regresaron a sus respectivos proyectos alegando que todavía había mucho por contar y más importante aún, que el público exigía verlo.

Nuevos tiempos viejas historias

El rescate de las viejas historias fue tentador en un inicio, pero el recelo aumentó cuando la fórmula se replicó de manera indiscriminada y admitámoslo, no siempre con los mejores resultados. El problema es que los tiempos cambian y con ello, las personas, los contextos y la propia industria, lo que invariablemente terminó atentando contra la esencia de las grandes historias. Y es que, aunque la Trilogía Original sigue siendo grande, ahora es imposible separarla de unas secuelas plagadas de altibajos que resquebrajaron los esfuerzos y logros de nuestros héroes. Caso similar al de El hobbit, precuelas cumplidoras pero muy alejadas de la majestuosidad vista en El Señor de los Anillos.

A esto sumemos el factor del envejecimiento. Gale alegaba que una nueva Volver al futuro es imposible porque nadie querría ver a un Marty McFly de 50 o 60 años, pero esto no impidió que Spielberg, Lucas y Ford se reencontraran para una cuarta entrega de Indiana Jones que mostró un arqueólogo heroico, pero avejentado por los años y el millaje, y por ende considerablemente más frágil al que conocimos en los 80.  Y claro, la experiencia de Solo nos dice que el recast tampoco es la mejor opción, a menos que se trate de James Bond donde el personaje va por encima del actor, claro está.

El uso excesivo de los efectos visuales en franquicias de antaño también ha sido duramente criticado. Tal fue el caso de las precuelas galácticas. Lucas justificó su uso alegando una época preimperial de mayor prosperidad, pero el rompimiento estético es tal que en ocasiones parece ser un proyecto completamente ajeno a la Fuerza. Caso similar al del propio Indiana Jones, cuyas hormigas digitalizadas en El reino de la calavera de cristal nunca igualaron el impacto de los insectos reales vistos en las primeras entregas.

Más doloroso es el caso de las franquicias que se expanden tan ciegamente que terminaron perdiéndose en el camino. El ejemplo por excelencia es Terminator que perdió el rumbo desde la partida de James Cameron, lo que resultó en recasts, reboots y una continuidad cada vez más difícil de seguir. Hay quienes temen que Los Simpson ha caído en esta tendencia con temporadas cada vez menos graciosas y que Rápido y furioso podría estamparse contra este mismo al centrarse tan de lleno en la espectacularidad visual que su fórmula se aleja cada vez más del entretenimiento improbable para adentrarse en el terreno de lo absurdo.

El reino de las adaptaciones

Los libros y otras obras impresas han sido una eterna fuente de inspiración para el cine y las series de TV y que en muchos casos han dado algunas de las franquicias más exitosas de los últimos tiempos. Tal fue el caso de El Señor de los Anillos, Harry Potter, Los Juegos del Hambre o Crepúsculo. Algunas se han visto enriquecidas por expansiones del autor original o autorizadas por los dueños de sus derechos, pero al final, sus bases están compuestas por historias finitas.

Los deseos por extender sus respectivos éxitos motivaron a sus respectivos adaptadores a dividir algunas de sus historias en dos partes, aun cuando narrativamente no había una necesidad real para hacerlo. Más inusual fue el caso de El hobbit, que a pesar de ser una novela única, fue fragmentada en tres películas para su salto cinematográfico. Cuando las adaptaciones finalmente parecían llegar a sus respectivos desenlaces, todas buscaron desesperadamente un modo de continuar.

Los Juegos del Hambre consideró la posibilidad de una serie alejada de Katniss Everdeen y centrada en Panem, pero parece que al final se decantará por la precuela Balada de pájaros cantores y serpientes escrita por Suzanne Collins. Crepúsculo ha coqueteado con una adaptación de Amanecer que se ha visto aquejada por la naturaleza de una historia que lo cuenta todo desde la perspectiva de Edward Cullen. El Señor de los Anillos crecerá con la serie precuela de Amazon, aunque de momento, no se ha definido si ésta estará vinculada a la obra de Peter Jackson.

El caso de Harry Potter es el más drástico de todos, pues si bien Warner se ha empeñado en la creación de un Wizarding World, ha batallado duramente en la expansión de la franquicia con un Animales fantásticos que no termina de despegar. Mucho se ha debatido sobre las razones, siendo el distanciamiento con la historia original, en tiempo, ubicación e incluso personajes, una de las más recurrentes. Tanto así, que algunos rumores señalan que los cinco spinoffs contemplados originalmente serán reducidos a tan solo tres películas, lo que permitirá al estudio centrarse en otros proyectos. Los aficionados cruzan los dedos para que El legado maldito sea uno de ellos.

Aunque Spielberg augure una implosión de los superhéroes, lo cierto que el subgénero tiene una naturaleza muy distinta que permite la construcción de franquicias virtualmente inagotables. Después de todo, estamos hablando de un material fuente que se extiende por más de 80 años y que a pesar de sus altas y bajas, se ha mantenido vigente gracias a la maleabilidad de sus personajes que se adaptan a un mundo en continua evolución. Esto no significa que el MCU o el DCEU nunca llegarán a su fin, pero una buena planeación aunada a la esencia mitológica de sus historias podría garantizarles una longevidad inusual e incluso potenciales retornos desde cero.

El valor de un final

El desenlace alternativo de Terminator 2: El juicio final mostraba a un John Connor adulto jugando con su hija, y una avejentada Sarah Connor reflexionando sobre un Día del Juicio que nunca se concretó. La secuencia de poco menos de dos minutos fue erradicada para no cerrar las puertas a la posibilidad de una nueva entrega, lo que resultó en secuelas tan erráticas que parecen haber perdido el rumbo para siempre. Caso contrario al del Batman de Nolan, quien descartó la incorporación al DCEU al considerar que su historia había terminado, una decisión que generó debate en su momento, pero que le afianzó como una de las mejores franquicias de superhéroes de todos los tiempos y le salvó de ingresar a otra muy prometedora, pero cuyas primeras entregas se vieron aquejadas por la irregularidad. Ni qué decir de Logan, un cierre tan perfecto que casi nos hizo olvidar los altibajos del personaje a lo largo de la franquicia X, al tiempo que evitó una historia inconclusa tras el paso de los mutantes a Disney.

https://www.youtube.com/watch?v=KEaS8X1_gcU&ab_channel=FlashbackFM

Cerrar una franquicia es más que dar por terminado un proyecto. Es todo un arte que no solo implica la adecuada culminación de un ciclo vital para los aficionados, quienes dedican varios años a la exploración de un personaje. Un recorrido entrañable regido por la diversión, pero también el crecimiento personal, el aprendizaje y los vínculos emocionales que pueden perderse ante la expansión innecesaria. Y es que como bien dijera Tony Stark, “parte del viaje es el final“. Disfrutémoslo.

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