La historia de pequeños textos que construyeron grandes franquicias audiovisuales

Hace 2 meses
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Es asombroso. ¿Cómo es que una idea breve –a veces de escasas cuartillas– puede escalarse hasta convertirse en una gran película o serie? Hollywood es en verdad genial cuando sus escribas trascienden más allá de la fórmula fácil de reciclar y, aunque no necesariamente este escenario es el de “creatividad desde cero”, la maravillosa capacidad de expandir y enriquecer una historia breve en un colosal blockbuster de cine, prestigiosa serie de alto presupuesto o sencillamente una GRAN franquicia multimedia, es algo verdaderamente admirable.

Es un dicho popular –y no necesariamente una regla de oro– “una imagen vale más que mil palabras”. Pero la realidad es que miles de imágenes pueden valer nada, si no están respaldadas por una buena historia. ¡Y esa historia es tan corta a veces, que resulta inverosímil entender que de algo tan pequeño se desprenda todo un universo de películas o temporadas!

Y hablamos de historias cortas esta ocasión, no de la adaptación de novelas o franquicias literarias, que si bien también ha sido una fórmula prolífica y muy bien explotada, es materia suficiente para otros análisis aparte de este.

¿El inicio?

No fue fácil encontrar la fecha y la obra exactas, pues hay muchas antiguas e increíblemente llega a haber adaptaciones a películas o a la TV décadas o incluso siblos más tarde. Pero sin temor a equivocarnos, podemos decir que la primer historia corta convertida en película (y más) fue The Nutcracker and the Mouse King (El cascanueces y el rey de los ratones), escrita en 1816 por el autor prusiano Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Se trataba de una breve historia para niños que se publicó originalmente en Berlín, Alemania y que esperó hasta 1892 para llegar al ballet ruso con el nombre El Cascanueces, compuesto por el mismísimo Tchaikovski.

Pasaron varias décadas más para que en 1967 se realizara una película polaca dirigida por Halina Bielińska, la cual se basaba en el cuento corto original, en lugar de las modificaciones del ballet.

Habría otra adaptación en stop motion en 1979, Schelkunchick para Rusia en 1973, The Nutcracker Prince en 1990 por parte de Canadá, y una rarísima The Nutcracker in 3D en 2010. ¡Vamos, hay un especial de Los Cariñositos, otro de Mickey Mouse y el Pato Donald, Barbie y hasta Tom y Jerry!

Con un éxito a mayor o menor grado, la historia sigue fascinando a nuevas generaciones, ¡y el cuento original contaba solo con 66 páginas!

¿Por qué sobresale en contraste con la adaptación de una novela?

Partiendo de este primer caso, pero encontrando pistas idénticas en muchas otras obras como The Sentinel (que se convertiría en 2001: A Space Odyssey), las dos versiones de The Fly (1958 y 1986), The Birds que escribió Du Maurier y adaptó Alfred Hitchcock, la polémica Brokeback Mountain o la magnífica The Curious Case of Benjamin Button, hay algo que todas estas historias breves causan fascinación a los escritores asignados para adaptarlas al cine o la TV y sus respectivos directores: hay MUCHO terreno libre qué explorar.

Y si no es así, entonces: ¿qué demonios tendrían que ver Barbie, Tom & Jerry y Mickey Mouse (que por cierto NO ES el villano Rey Ratón, sino Donald) con la historia de un valiente soldadito que tras derrotar a un villano, lleva a su dueña a un reino mágico de muñecas?

La historia es moldeable, una amalgama que permite rostros, escenarios, variantes y situaciones diferentes, sin perder la esencia.

El extraño caso Ridley Scott

Piénsenlo: ese fue el grave error de Hannibal. La espléndida novela de Thomas Harris, quien retoma lo sucedido en The Silence of the Lambs a través de 484 páginas que desarrollan los eventos tras el escape de Hannibal Lecter siete años después, con la oportuna intervención de una veterana Clarice Starling. La novela de 1999 es espléndida… ¡pero la adaptación de 2001 es un bodrio, con todo y Anthony Hopkins en el antagónico y Ridley Scott en el estelar! ¿Por qué?

La novela de Harris tenía perfectamente establecidos sus personajes, giros, climáticos y sorprendente final… pero Scott (quien siempre hace lo que quiere al dirigir, y es algo que normalmente amamos) deformaron la historia como quisieron –incluso con la supervisión del autor– y entregaron algo que, como no dejaba mucha libertad para salir de lo que estaba escrito, fue bastante deficiente, comparado con el original.

Y aunque en uno de nuestros artículos temáticos de esta semana detallaremos a Blade Runner por su majestuoso 40 aniversario, se requiere del contraste del MISMO director que adaptó la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? (1968) que eventualmente convirtió en una de las películas de ciencia ficción más emblemáticas de todos los tiempos, incluso alabada por el escritor Philip K. Dick, quien pese a que no la vio completa al fallecer antes de su estreno, dijo sobre el proceso que “Cuando una adaptación cinematográfica de Hollywood sobre un escrito funciona, siempre es un milagro”. ¡Y conste que el filme de Scott es dramáticamente diferente al libro! ¿La explicación? Con escasas 200 páginas, David Webb Peoples y Scott lograron mejorar la medioambientalista adaptación de Hampton Fancher en un filme que básicamente definió el subgénero cyberpunk. ¡Increíble!

Pese a que ciertamente no todos los casos son éxito seguro –las adaptaciones de La isla del Doctor Moreau de H.G. Wells son bajas– fans lectores de autores como Neil Gaiman (Stardust), H.P. Lovecraft con su magnífica The Call of Cthulhu o Steven Millhauser con la épica adaptación al cine de su Eisenheim the Illusionist han podido comprobar que, aunque resultan entes aparte, las series y cintas que parten de historias cortas de gran peso y narrativa muchas veces resultan mejores que largas y grandes obras… incluso provenientes del escrito, como el mismísimo Harry Potter o las inadaptables The Dark Tower.

¿Lo dudan, potterheads e incondicionales a Stephen King? Terminemos con uno de los ejemplos más contundentes de todos: The Secret Life of Walter Mitty.

Escrita originalmente en 1939 para la revista The New Yorker, no solo ha sido considerada en repetidas ocasiones como una de las obras maestras más breves y ricas en la narrativa escrita occidental –adaptada tanto en 1947 (con Danny Kaye) y 2013 (con Ben Stiller)– sino que ambas historias son dramáticamente diferentes una de otra, ambas exitosas e incluso con el término “mittyesque” ampliamente usado y aceptado en el lenguaje inglés, para aludir a “una persona soñadora”… ¡y la historia cuenta solamente con 32 páginas! Ah… y también ha sido llevada al teatro dos veces. 

¿O alguien de ustedes pone objeción a esta maravillosa escena?

https://www.youtube.com/watch?v=QwSdCylH9nU

¿Nos equivocamos con estas aseveraciones? Sigan leyendo los artículos que penden a lo largo de esta semana para llevarse un buen puñado de sorpresas… pero mientras tanto, esperamos que hayan aprendido un par de cosas sorprendentes sobre la historia de cuentos cortos que son llevados a Hollywood de forma majestuosa.

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