La Casa de Papel

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La quinta parte de La Casa de Papel fue un gran atraco al espectador

Hace 5 meses
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Una de las grandes capacidades del ser humano es poder ser engañado, y con esto puedo referirme en el buen y mal sentido. Desde que somos niños vivimos con una capacidad de asombrarnos ante lo desconocido o ante situaciones que están ahí y de las que poco o nada ponemos atención. Al crecer vamos perdiendo la facilidad de dejarnos engañar, pero siendo adultos la sorpresa es mayor porque confiamos en que estamos lo suficientemente preparados para no caer en esas tretas.

Tomando como base el engaño, el creador Alex Pina nos llevó por un camino lleno de trampas durante cinco partes de la exitosa serie La Casa de Papel, la cual llegó a su fin el pasado viernes 3 de diciembre con un final del cual hay mucho que debatir y que lo haremos a continuación.

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Esta última entrega estuvo dividida en dos partes, con cinco episodios cada una, que nos llevaron a conocer el desenlace del robo al Banco de España por parte de la Banda liderada por el Profesor, el cual comenzó como un movimiento para rescatar a Río, quien fuese capturado por la policía española al inicio de la tercera parte, acusado por el primer robó a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

La cuarta parte de la historia dejó con grandes complicaciones a la Banda, tanto dentro como fuera del recinto. La baja de Nairobi dejó a todos muy mal emocionalmente, aunado a la caza de Gandia que estaba dispuesto a todo por cumplir su deber y sumado a la presión de la inspectora Sierra que sin importar su embarazo no bajaba la guardia. Ante toda esta complicada situación, y después de una seria acusación contra su persona, Sierra decidió tomar el poder en sus manos y cazar al Profesor en busca de su propia venganza, hecho que parecía complicar todo.

Fue en este punto que la serie comenzó a engañarnos en su etapa final, y mientras parecía que el equipo de creativos iba a tomar un nuevo camino esta vez, la realidad es que este segundo robo terminó por convertirse en una copia del primer atraco que tanto éxito causó. Es molesto ver que como público volvimos a dejarnos seducir por una historia que no apostó por lo nuevo y a la vez se vuelve algo muy placentero el haber sido engañados teniendo las pistas frente a nuestros ojos. El personaje de la inspectora Sierra es el ejemplo perfecto de ello, ya que parecía firme en su convicción y al final traiciona sus convicciones en pro de ayudarse primeramente, y poco a poco ayudar al Profesor a salir bien librado junto con toda su Banda. Justo lo que ya habíamos visto con la inspectora Murillo quien termina por aliarse y nombrada como Lisboa

Crédito: Tamara Arranz Ramos/Netflix

Los volúmenes de esta última entrega pecan de dos elementos muy distintos entre sí. En el Volumen 1 la producción decidió apostar por las escenas de acción, batalla y enfrentamiento, dedicando casi dos episodios completos a ello, haciendo que estuviésemos sobreexpuestos a la guerra entre la Banda y el ejército; mientras que en el Volumen 2, y tomando en cuenta que era el cierre de esta historia, ahora la narrativa es sobreexplicada en todo momento. Comenzamos a conocer más sobre la creación del plan y cómo muchos de los elementos que solo vemos en el final son parte de su ejecución, aunque sin justificar su presencia en el momento actual, como es el caso de la máquina conseguida en la plataforma petrolera que fue introducida a las instalaciones del Banco de España sin levantar sospecha… ¿Acaso no es algo muy inverosímil? El gran error fue no haber encontrado el punto medio entre la acción y la explicación que permeara en la parte 5 de forma completa.

Pero la peor parte es que en favor de la acción, la historia traiciona a sus personajes. Desde el principio de la serie, se construyó una relación casi familiar entre todos los integrantes de la Banda, es por eso que cuando Río fue capturado ninguno dudó en que tenían que ayudarlo, pese al peligro de volver a España donde estaban fichados por el robo anterior y ser capturados. En las dos partes finales la historia se encarga de eliminar esa dinámica sin mayor problema alguno. En primera porque la Banda compra la idea de que el oro que robarían es el objetivo principal del atraco, sobreexponiendo su integridad cuando en realidad todo era por Río, a quien lograron rescatar en la primera parte. Y en segunda, las muertes de Nairobi y Tokio quedan en segundo plano cuando se acerca el final. Si bien el atraco está situado en un par de días muy específicos, al final, cuando todos están libres (lo cual por supuesto que no es un spoiler porque ese es el objetivo de la serie), nadie recuerda la memoria de su primera compañera abatida, mientras que el recuerdo de Tokio, la gran líder, queda en segundo plano, sin rendirle tributo a lo que fue.

Crédito: Tamara Arranz Ramos/Netflix

A pesar de todo ello, La Casa de Papel vuelve a cumplir con el cometido del Profesor: el engaño es primero y debe ser a luz de todos para que este sea más efectivo. El engaño consistió en aceptar los huecos en el guion de una serie que usó la gran parafernalia para enganchar al público y hacer creer que estos Robin Hood eran los buenos de la historia; en aceptar la misma trama, con cambios mínimos en su desarrollo, para reafirmar que estaban innovando.

El gran atraco no fue ni a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y mucho menos al oro guardado en el Banco de España: la gran estafa fue a nosotros que como público propiciamos. En resumen, aplaudo el hecho, porque al igual que en la misma historia donde lograron salir con éxito, en realidad consiguieron lo mismo fuera de la pantalla. Es por eso que La Casa de Papel seguirá dando más producciones alrededor de este universo, como bien lo ha marcado ese final donde La Resistencia sigue viva.

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