La evolución del género del terror a lo largo del tiempo - Spoiler Time
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La evolución del género del terror a lo largo del tiempo

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El terror, un género que asusta... por muchos motivos.

¿Quién no lo ha experimentado? Estar en la oscuridad, viendo una película o una serie, y sentir que el corazón se nos va a salir del pecho del miedo que nos hace sentir. Esa es la magia principal del terror, un género que ha atravesado generaciones, modificándose y resignificándose apelando a los temores de cada época para seguir haciendo temblar a sus espectadores.

Desde sus comienzos, con el cine mudo, hasta las producciones espectaculares y llenas de efectos que tenemos hoy en día, el género del terror es uno de los más prolíficos tanto en el cine como en la televisión y por eso un repaso de su historia era obligatorio para Spoiler Time.

Las primeras películas de terror se remontan, por supuesto, a los primeros albores del cine y esto quizás se deba a que el miedo es una sensación que todos vivimos y que apela a lo más salvaje, lo más íntimo de cada uno de nosotros. Aunque también se la considera una de las pioneras en términos de ciencia ficción, la película de Georges Méliès titulada El viaje a la Luna, estrenada en 1902, tiene además matices de terror: el encuentro con criaturas extraterrestres combativas puso los pelos de punta a los espectadores de la época.

Sin embargo, para encontrar una película más, digamos, “clásica”, dentro de los parámetros de terror que conocemos, debemos remontarnos a 1922, cuando se estrenó el filme de F. W. Murnau, Nosferatu. Considerada una de las primeras adaptaciones del clásico literario de Bram Stoker, Drácula, pero rebautizada cuando Murnau no consiguió los derechos necesarios para utilizar a dicho personaje, fue quizás la película que sentó las bases de lo que consideramos hoy el género del terror.

Nosferatu se convirtió en la joya respetada de hoy día gracias a que supo construir un nuevo lenguaje: luego del expresionismo alemán, que ya había experimentado con atmósferas enrarecidas y lo sombrío (como en películas como El gabinete del Dr. Caligari), Nosferatu lleva sus escenas la vida real, al aire libre, olvidando las escenografías pintadas, dándole así a este monstruo deforme, de mirada desencajada tan perfectamente representado por Max Schreck una presencia mucho más realista, más cercana al día día de los espectadores.

Sin embargo, Max Schreck no sería el único actor que se convertiría en famoso por interpretar a un vampiro o a una versión de Drácula. Tan solo unos años después, en 1931, ya con Hollywood convirtiéndose en la industria que es hoy en día, llegó Bela Lugosi, de la mano de Tod Browning para seguir aterrorizando al mundo. Y no fue el único monstruo: a partir de 1930, gracias a los avances en las técnicas de maquillaje y de efectos especiales, estudios como Universal Pictures comenzaron a lanzar filmes que tenían a estas criaturas temibles en el centro de la escena: es la época de Frankenstein, del Hombre Lobo, la Momia y el Hombre Invisible.

La huella de estos monstruos es tan palpable aún hoy en el cine que no solo tenemos múltiples versiones de los mismos y los vemos aparecer de alguna forma u otra en toda producción de terror que se precie, sino que Universal coquetea hasta en la actualidad con la idea de entregarnos nuevas versiones, remakes de las películas que marcaron la historia para siempre.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=1qNeGSJaQ9Q

En televisión, los orígenes del terror vienen de la mano de series antológicas como Alfred Hitchcock Presents, que se mantuvo en el aire durante diez años (de 1955 a 1965), o The Twilight Zone, que, como El viaje a la Luna de Méliès, supo mezclar el terror con la ciencia ficción.

Hitchock, además de esta serie, es uno de los padres de la revolución que sufrió el género del terror a partir de la década de los 60, con su ya clásica Psicosis, que demostró que el miedo no viene siempre de la mano de criaturas paranormales, sino que se puede esconder en el rostro amigable del hombre que maneja el hotel en el que te hospedes.

Sin embargo, Hitchcock fue solo el que abrió la puerta para que otros salieran a jugar más allá con el terror. También durante la década de los 60 encontramos joyas como Rosemary’s Baby, de Roman Polanski, que muestra que los directores que son considerados “autores” por su genio y su sensibilidad artística también tienen mucho para dar en este género.

Por esta época, además, encontramos uno de los clásicos del terror por excelencia. Me refiero, por supuesto, a The Exorcist, la obra de William Friedkin basada en la novela de William Peter Blatty que, como Rosemary’s Baby, mezcla la religión con el terror de manera exquisita.

Tanto las películas de Hitchcock, como The Exorcist o, incluso, The Shining (que estrenó en 1980), intentaron mostrar el terror desde una mirada más realista, incluso psicológica, que demostrara que el miedo, el verdadero miedo, se puede encontrar a la vuelta de la esquina.

The Shining, además, se pude considerar el puntapié inicial de una nueva era, completamente influenciada por la presencia de Stephen King, el maestro literario del terror, que a partir de allí vio sus historias convertirse en películas (y en series también) durante los años que siguieron.

Pero King no fue el único que marcó el terror en los 80. La década que se recuerda con tanta nostalgia hoy en día en series como Stranger Things es la época también que vio surgir el terror slasher, con films como A Nightmare on Elm Street, o Halloween, poniendo también en el centro de la escena a los adolescentes que luchaban contra estos nuevos monstruos que aterrarían a toda una generación.

Esta tendencia a tener protagonistas adolescentes se mantuvo hasta los 90, donde la vemos reflejada en los filmes de Wes Craven de Scream (que, adivinaron, revivieron hace no tanto gracias a la ya mencionada nostalgia) o mismo en It, que se centra en ese traspaso duro entre la niñez y la juventud.

En los 90, además, con un incipiente Internet y un mundo más globalizado, el terror ya no fue solo propiedad de Hollywood: el mundo se maravilló ante las obras asiáticas que nos ponían los pelos de punta, aunque muchas veces las termináramos viendo a través de las remakes que Estados Unidos hacía de ellas.

Sin embargo, que surgieran estas nuevas vertientes no quiere decir que se abandonaran las anteriores. Como dije en un comienzo, el cine de terror siempre fue exageradamente prolífico, por lo que mientras teníamos novedades como The Ring, seguían estrenándose películas de fantasmas excelentes, como The Others o The Sixth Sense, que, además, combinaban este tópico con un tinte psicológico de manera precisa.

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https://www.youtube.com/watch?v=3-ZP95NF_Wk

En la actualidad, el terror está por todos lados. En televisión, las antologías como The Twilight Zone o Alfred Hitchcock Presents nos permiten disfrutar hoy día de otras como American Horror Story, The Haunting (que, además, bebe de las influencias literarias como lo hizo alguna vez Murnau o los monstruos clásicos de Universal) o, incluso, la mismísima Black Mirror.

En cine, el terror se nutre de los avances tecnológicos como nunca para contarnos historias de fantasmas que nos ponen los pelos de punta, mezclándolo con casos paranormales reales, con en The Conjuring, de James Wan, pero también de las psicosis sociales, como podemos ver en los filmes de Jordan Peele, que crea el terror a partir del racismo y la desigualdad social o en los filmes que abordan nuestros terrores tecnológicos, como Unfriended o Cam.

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https://www.youtube.com/watch?v=p1DahKn4HZk

Aunque muchas veces bastardeado (quizás por ser tan prolífico, quizás porque no a todos les gusta enfrentarse a sus temores), el género de terror atraviesa la historia del cine por completo. Y no solo a la historia del cine, sino a la historia de la humanidad: con el pasar de las décadas, supo explorar la conciencia colectiva para encontrar aquellas cosas que le erizaban la piel y le aceleraban los latidos. La actualidad no es la excepción: basta ver cómo se llenan las salas para ver una nueva película de James Wan o cómo algunos episodios de Black Mirror nos ponen los pelos de punta.

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