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El amor después del amor

Luego de 3 años (que para ellos no han sido más que 8 meses) la historia de Mickey y Gus tuvo su merecido final. Durante las dos temporadas anteriores fuimos testigos del nacimiento de una relación impensada para estos personajes tan disimiles. La ansiedad y los miedos típicos frente a un nuevo amor fueron el motor de esta serie que tuvo como principal objetivo reflexionar sobre aquella etapa de la vida post 30 en la cual los planteos relacionados al futuro laboral, las motivaciones personales y la construcción de la familia toman mayor relieve.

El camino hacia la consolidación de la pareja no ha sido fácil, pero tras algunos desvaríos, finalmente, los jóvenes han superado sus temores y decidido apostar por el amor. La tercera y última temporada de Love aborda no solo los desafíos que ambos deben transitar para poner a prueba su entrega personal, sino también aquellas situaciones que implican dejar atrás el conformismo y tomar el control de sus vidas de una vez por todas.

Rectificando el rumbo

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En la segunda temporada habíamos visto a Mickey (Gillian Jacobs) comenzando a trabajar en sus adicciones respecto al alcohol, las drogas, el sexo y las relaciones enfermizas. A pesar de haber tenido una breve recaída y regresar a los brazos de su ex novio Dustin, ella es consiente de que no puede tirar por tierra todo lo aprendido hasta ahora. Gracias a los consejos de Gus (Paul Rust), la joven ha dejado de padecer su oficio de productora radial para sacarle el mayor rendimiento posible a través de la incorporación oficial de Stella, la exitosa millennial. El crecimiento laboral de Mickey, sin dudas, es un buen factor para seguir dándole pelea a su adicción y mantener cierta estabilidad emocional en su relación con Gus.

Por su parte, a Gus las cosas no le estarían yendo tan bien. Luego de la frustrante experiencia en el rodaje de una película, continúa impartiendo clases particulares a Arya (Iris Apatow), la protagonista de la serie Witchita, y a otro grupo de adolescentes recientemente incorporados al elenco. Aunque los guionistas y la creadora del programa sigan sin atribuirle un mínimo de confianza a su talento, Gus está decidido a filmar su propia miniserie escrita por él. Pero la falta de presupuesto y de actores profesionales se vuelve un problema y el joven cinéfilo comienza a sufrir el estancamiento.

Amores como el nuestro…

Las confrontaciones amorosas a las que estábamos habituados se han diseminado en esta etapa de compromiso. Si esperan situaciones descabelladas como Mickey irrumpiendo a los gritos en el set de Witchita, aquí no las van a encontrar. Ambos han logrado mejorar en su comunicación y nivel de tolerancia, por lo que las discusiones suelen durar apenas unos pocos minutos. Gus y Mickey se complementan, y a pesar de que los dos detentan una personalidad bastante irritable, la química que mantienen trasciende la pantalla.

Secundarios al frente

Si hay alguien que se destaca en esta temporada, sin duda, es Bertie (Claudia O’Doherty), la excéntrica roomate extranjera de Mickey que se ganó nuestros corazones desde un principio. Durante el transcurrir de los episodios podemos observar la agonía de su relación amorosa con Randy (Mike Mitchell), quien continúa viviendo a expensas de su novia y no parece muy preocupado por el desgaste que está causando esta situación en la pareja. La tercera temporada cuenta con un capítulo exclusivamente dedicado a la australiana por motivo de su cumpleaños, evento que termina colocando a otro personaje secundario en el centro de la escena. Hablamos de Chris (Chris Witaske), el mejor amigo de Gus que anhela trabajar como doble de riesgo de ficción en Los Ángeles.

La familia de mi novio

En uno de los mejores capítulos de esta tercera entrega, la pareja viaja hasta Dakota del Sur nada menos que para celebrar el aniversario de matrimonio de los padres de Gus. A pesar de los temores del joven por lo extraños que puedan parecer los integrantes de su familia, Mickey parece encajar perfectamente en el clan. Pero no todo será color de rosa en este viaje. La perspectiva que ambos tienen sobre el futuro de la pareja termina haciéndolos chocar y mostrando un Gus menos maduro que su compañera. Este conflicto traerá aparejado la revelación de algunos de los secretos mejor guardados de nuestro protagonista.

¿Y vivieron felices para siempre?

Desde su primera temporada, los creadores de Love han dejado bien en claro que esta no sería una típica historia de amor. De hecho, esta tragicomedia moderna ha comenzado siendo de lo más anti romántico que ha visto la ficción en los últimos tiempos. Pero más allá de las confrontaciones, el tiempo ha logrado demostrar que tanto Gus como Mickey son capaces derribar su egoísmo y sus fantasmas del pasado en aras de un futuro compartido y colmado de sorpresas como este final.

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