Luke Cage

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Una segunda temporada comprometida

Hace 3 años
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El viernes pasado se estrenó la segunda temporada de Luke Cage. El héroe de Harlem volvió a la pantalla de Netflix con 13 episodios que estuvieron llenos de lo mejor que ya había demostrado esta serie en su primera temporada: personajes muy humanos, una mirada única al barrio de Harlem y un análisis profundo sobre la identidad. Todo eso, combinado con una estética muy particular y una banda de sonido que siempre acierta.

La trama de la temporada gira en torno a quién toma el poder de Harlem. Mariah está intentando limpiar su nombre vendiendo su negocio de armas, junto a Shades, para dedicarse a algo más legal, pero los futuros compradores deberán enfrentarse a Luke Cage, que es ahora un héroe popular en las calles de Harlem, y que no permitirá que su barrio sufra las consecuencias de estos negociados.

De por sí, Harlem ya está sintiendo el regreso de muchos de los personajes que estaban presos. La revelación de la corrupción de Scarfe logró que se desestimaran muchos casos y personajes que estaban detrás de las barras, han vuelto al juego. No sólo Mariah y Shades se beneficiaron con ésto.

Mariah quiere dejar atrás el apellido Stokes y vender su negocio turbio para poder invertir en una empresa de plásticos y, así, conseguir dinero legalmente.

Es interesante cómo este personaje que ha demostrado ser muy despiadado, junto a Shades, con quien mantiene una relación romántica, quiere alejarse de la ilegalidad para convertirse en una referente de Harlem. Es difícil pensar en Mariah como una villana. Si bien sus métodos siempre son perversos, en el fondo su deseo máximo es liberarse de la oscura y pesada carga de su apellido de familia.

En esta temporada, conocemos a Tilda, su hija. Tilda es el producto de la violación que sufrió Mariah a manos de su tío, un trauma para nada superado para la mujer política de Harlem. Las insinuaciones de su primo Cornell al respecto fueron lo que la llevó a asesinarlo, sin ir más lejos. Mariah quiere utilizar a Tilda para verse más humana ante los ojos de la prensa, sobre todo cuando descubre que Tilda ha dedicado su vida a la medicina holística y tiene un negocio muy apreciado en Harlem. La relación entre ambas es un punto muy interesante de esta temporada, porque explora el trauma de la violación y el deseo de ser madre de Mariah. En una de las mejores escenas de la temporada, Mariah le vomita a Tilda que nunca la va a amar porque cuando la ve, ve el recuerdo de la pesadilla que tuvo que atravesar, y, aunque el discurso es monstruoso, ¿realmente podemos juzgarla?

Por su parte, Shades también camina por la delgada línea de ser un villano y tener honor. Si bien defiende a Mariah a capa y espada, su propia identidad también se pondrá en juego en esta segunda temporada.

Junto a él, veremos a su mano derecha, Comanche, quien es más que un amigo. En sus tiempos de prisión, Comanche y Shades forjaron una relación amorosa, que Shades pretende desestimar una vez puesto en libertad. La auto-represión de este personaje, que no puede conciliar su amor homosexual con su vida de líder gángster, es tan honesta y cruda que lo lleva por el peor camino. Comanche hace todo lo posible por salvar a Shades de caer junto a Mariah, pero Hernán tiene que primero aceptarse a sí mismo para poder darle la espalda a esta mujer poderosa. Y cuando lo logra, ya ha perdido todo.

El gran villano de esta temporada es John McIver, más conocido como Bushmaster. De raíces jamaiquinas, es uno de los posibles compradores del negocio de armas de Mariah. Los jamaiquinos, sin embargo, gozan de una pésima reputación en Harlem: violentos y despiadados, son los últimos en ser tenidos en cuenta. Pero justamente esas características son las que los terminan convirtiendo en la única opción. Mariah les vende el negocio, pero poco sabe de las intenciones reales de Bushmaster.

John McIver está de vuelta en Harlem para reclamarlo como propio. Alguna vez, lejos en el tiempo, su familia trabajaba codo a codo con los Stokes, pero éstos los traicionaron y los dejaron sin nada. Él viene a cobrar su venganza. Por supuesto, sus métodos son muy violentos y es esto lo que lleva a cruzarse con Luke Cage, quien, además, es el rey de Harlem. Bushmaster no desea compartir el trono.

Bajo la manga, John McIver trae magia antigua, basada en la mezcla de distintas hierbas medicinales, lo que lo convierte en algo así como a prueba de balas (aunque no por completo) y en un rival importante para Luke, que ya estaba convencido de ser invencible. La velocidad a la que pelea Bushmaster humilla a Luke un par de veces, que está acostumbrado a moverse con pasos lentos y pesados.

Si bien John McIver es brutal y despiadado, viene a cobrar justicia que llevaba largo tiempo vencida. ¿Podemos culparlo de querer destrozar a Mariah Stokes? Los villanos de esta temporada son brutales, pero también son muy humanos.

Otro punto muy interesante de esta temporada fue Misty. Luego de los eventos sucedidos en The Defenders, Misty se reincorpora a la fuerza policial con un brazo menos y una necesidad de hacer justicia que es imparable. Si bien su frustración se entromete en su desempeño, logra apoyarse en sus compañeras: Claire y Colleen. Ellas, junto a Rand Industries que le proporciona una prótesis muy avanzada para su brazo, logran sacarla adelante, demostrándole que no tiene porqué quedarse en el rol de la víctima.

Los personajes femeninos en Luke Cage (y diría que en todo el universo de Marvel que Netflix está creando) son muy fuertes. Misty no se considera una sidekick de Luke Cage, Claire no está dispuesta a soportar su machismo y Colleen es la clave para sacar a Misty de su autocompasión.

En cuanto a Luke, lo veremos luchar toda la temporada con la popularidad que ha ganado, con las dudas que tiene sobre sí mismo, y con su propia ira. La idea de ser indestructible lo lleva a un lugar muy oscuro, donde la violencia gana terreno. El hombre indestructible se torna peligroso hasta para los suyos: Claire lo abandona cuando él explota frente a ella.

El reencuentro con su padre será también un peso que deberá cargar Luke, mientras intenta salvar a Harlem de la masacre que está llevándose a cabo por la venta del negocio de armas de los Stokes. Luke no puede perdonar que su padre lo haya abandonado cuando más lo necesitaba, a pesar de que éste parece venir a hacer las pases.

Para calmar los ánimos de Luke, llega Danny Rand. La relación entre ambos nos hace vislumbrar la posibilidad de Heroes for Hire, pero además, Danny y todo su aprendizaje zen, ayudan a Luke a apaciguar su interior y poder luchar contra Bushmaster.

Así como los villanos son muy humanos, el héroe también. Muestra sus fallas, su ego desmedido y hasta su machismo. Luke es un personaje que tiene que reconciliarse con su pasado y aprender a controlar su fuego interno. Sus intenciones son siempre buenas, pero no siempre toma el camino del bien. Es muy interesante tener un héroe protagonista que no es infalible.

Estéticamente, Luke Cage sigue manteniendo el nivel de la primera temporada. Es una visión de Harlem única, que se apoya muchísimo en la música. La banda de sonido es nuevamente excelente, y en los shows en vivo podemos ver a artistas del talle de Esperanza SpaldingGary Clark Jr y hasta el mismísimo Rakim.  

Como me ha sucedido con la primera temporada, creo que Luke Cage es una serie que se disfruta lento y con más de una visión. Su guión es pesado, realista y necesita ser analizado con paciencia.

Para el futuro, si se confirma una tercera temporada, tendremos a un Luke Cage que ha heredado el trono de las sucias manos de Mariah Dillard. En la cima del Harlem’s Paradise, Luke deberá preguntarse si el camino que está tomando es el indicado. 

Además, Tilda, ese personaje que se presentaba como inocente, ha cobrado su venganza contra su madre, convirtiéndose, tal vez, en el personaje de los cómics: Nightshade. ¿Volveremos a verla? Esperemos que sí.

En definitiva, Luke Cage tiene mucho más por contar, y aunque muchos acusen a sus temporadas de ser “algo lentas”, creo que deben disfrutarse como un buen vino: con calma y delicadamente.

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