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La nueva serie de Netflix realmente apesta

Hace tiempo Netflix no tiene una serie que sea un trancazo al nivel de Stranger Things y antes de que me digan ¿dónde dejas a DARK?, pienso que esa es una serie que se fue construyendo poco a poco y ni así ha llegado al nivel mediático que sí tuvo la producción de los hermanos Duffer. Es por ello que cuando se anunció Everything Sucks! parecía tener todos los elementos necesarios para ser la producción que rompería las redes: nostalgia por el pasado, una historia de coming of age, elementos de amor al cine; pero eso no le bastó para romper el internet y, mucho menos, para ser una terrible decepción.

En primera, te hablaré de qué va si es que no la has visto. Todo empieza el primer día de clases de la secundaria Boring, Oregon (el nombre del pueblo es real) donde Luke, Tyler y McQuaid (Jahi Di’Allo Winston, Quinn Liebling y Rio Mangini), amigos los tres, están por comenzar la etapa secundaria donde, por supuesto, se enfrentarán a una nueva serie de aventuras que van desde otro grado escolar, compañeros nuevos, comenzar un proceso de independencia de sus padres y, por supuesto, conocer chicas. Todo esto centrado en el año 1996.

EVERYTHING SUCKS!

¿Con una historia así dónde estaría el problema? En lanzar muchas líneas argumentales que unas no dependen de otras de forma necesaria y por lo mismo todo se va, si me disculpan, al carajo. Me explico a continuación.

En ningún momento nos dejan claro cuál es el punto principal. La relación de Luke y Kate, el cuestionamiento de identidad sexual de ella, la película que desarrollarán el club audiovisual con el de video, la relación entre el director de la secundaria y la madre de Luke ¿Cuál de estas líneas es más importante? Todas y ninguna a la vez, porque al final ninguna importa en verdad para desarrollar la trama. Es una historia parchada con estos elementos para que de alguna forma avance y llegue a un final. Y punto.

Temas que se ponen en la mesa como la identidad sexual, el cual podría ser fundamental, lleva a la historia a que se desarrolle con miedo. Sí, miedo. ¿A qué? A caer en lo políticamente incorrecto, cuando en realidad pudo ser mucho más interesante desarrollar una historia de confrontación hacía ti mismo y hacia los demás. Pero NO: todo está planteado de una forma tan segura que no empatizas con lo que el personaje de Kate está tratando de afrontar.

Bueno, pero entre todo lo malo hay elementos de amor al cine de los cuales muchos se estarán preguntando. Pese a que este es un elemento sobresaliente en la historia, vuelvo a lo mismo: su mayor problema es no hacer sentir al espectador las emociones de felicidad o temor que cada uno de sus personajes vive. En ningún momento sientes ese amor que tiene Luke por ser cineasta, por emprender un nuevo proyecto que sueña con vehemencia.

Y así podría seguir con cada una de las líneas argumentales, repitiéndome, lo que al final es una cosa innecesaria. Ya no hablemos de sus personajes que terminarán siendo olvidables y estereotipados. A pesar de ello, hay una extraña referencia de Oliver (Elijah Stevenson) hacia el personaje de Judd Nelson en The Breakfast Club. Sí a John Bender, siendo un líder, un incitador que de alguna forma deja en Tyler una lección. Ellos dos son el bromance de esta serie del cual me hubiese gustado ver más.

En realidad todo se compone de pequeñas anécdotas donde cada uno de los personajes pone a prueba quién quiere ser en la vida: encontrar su vocación, encontrar su mundo pese a lo que marca la sociedad como correcto, y al final todo se podría resumir en encontrar el amor en lo que quieren, en lo que piensan, en lo que hacen y en la persona que las hace feliz; pero su elemento nostálgico no lleva a nada.

¿Será que los 90’s están opacados por la sombra de los 80’s y no los dejan brillar? Si esto es cierto, este sería el único elemento a favor de la serie. Una época que no trascendió por el avance tecnológico como sí lo hizo la anterior, además de ser una década sumida en la decadencia reflejada a partir de su cultura pop como la música, donde el grunge fue la corriente que sobresalió; una década donde la identidad de esa generación sigue siendo poco clara. Tal vez sólo así se podría entender que Everything Sucks! funciona de algún modo, del modo menos el esperado claro está.

Esta producción es la prueba que la nostalgia no siempre es necesaria y que muchas veces es mejor dejar las cosas como estaban, como las vivimos, o simplemente como las recordamos, porque al final, todo siempre es un recuerdo de vida. Y un recuerdo que me niego a atesorar si es como Everything Sucks!

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