Picnic at Hanging Rock

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El misterioso universo onírico de Hanging Rock

Hace 4 años
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“Todo lo que vemos o parecemos, es solo un sueño dentro de un sueño”. Con esa frase de Edgar Allan Poe comienza la película de 1975 Picnic en Hanging Rock, dirigida por Peter Weir y basada en la famosa novela de la australiana Joan Lindsey.

Después  de más de 40 años, aquella misteriosa historia de época vuelve a nosotros con una nueva adaptación, esta vez en formato de miniserie y protagonizada por la inglesa Natalie Dormer, famosa por su papel de Margaery Tyrell en Game of Thrones.

En esta nota, te contamos de que se trata este perturbador drama que recoge una de las obras surrealistas más elogiadas del siglo XX.

Picnic at Hanging Rock sigue la historia de las adolescentes del prestigioso colegio Appleyard, una institución de mujeres situada en Australia cuyo objetivo es implementar los modales y las normas correspondientes de las señoritas victorianas de clase alta. Aquella se encuentra dirigida por Mrs Hester Appleyard (Dormer), una misteriosa viuda que decidió invertir el dinero de su fallecido esposo en esta imponente casona alejada de la ciudad.

En la mañana del 14 de febrero de 1900, las internas al cuidado de sus profesoras viajan hacia el bosque que rodea las rocas Hanging Rock para celebrar el día de San Valentín. En medio del picnic, la atmósfera onírica del lugar comienza a producir cierta confusión y alucinación en las concurrentes. Tres de las estudiantes más grandes del instituto, junto a la pequeña Edith, se alejan de la festividad para ir a escalar la cima de las rocas. El tiempo parece detenerse y ocurren ciertos fenómenos sobrenaturales que acaban con la extraña desaparición de las tres jóvenes y una de sus profesoras, Miss Greta McCraw.

La estudiantes desaparecidas son Miranda ReidMarion QuadeIrma Leopold, tres amigas que esconden cierto vínculo erótico. La más decidida de las tres es Miranda (Lily Sullivan), una joven amante de los caballos que manifiesta un espíritu libre y arriesgado. Por otro lado, se encuentra Marion (Madeleine Madden), esta muchacha de ascendencia indígena adoptada por una familia aristócrata que oculta una relación amorosa con la profesora McCraw. Por último, tenemos a Irma (Samara Weaving), una bella estudiante perteneciente a una familia adinerada de Gran Bretaña.

Como si fuera una versión moderna y siniestra de Alicia en el País de las Maravillas, estas adolescentes influenciadas por el ambiente lisérgico del bosque atraviesan las profundidades de lo desconocido y su rastro se pierde totalmente. 

La noticia comienza a circular por todos los rincones de Australia, dando pie a varias interrogantes: ¿Acaso las niñas fueron violadas y asesinadas por los jinetes que se encontraban en el lugar?, ¿se extraviaron y fallecieron producto de la falta de alimento y agua? o ¿decidieron escapar de la rigurosa disciplina del colegio y los recurrentes castigos de la directora Appleyard?

La incansable búsqueda de las estudiantes y la profesora perdidas coloca a Mrs Appleyard en una situación desesperante cuando advierte que sus más oscuros secretos también podrían salir a la luz.

Estamos ante un relato que no explora el “cómo” desaparecieron las niñas, sino el “por qué”. A través de diversos flashbacks, el espectador conoce los secretos y los deseos ocultos de estas tres adolescentes que se niegan a aceptar el futuro que les ofrece esta sociedad conservadora.

A pesar de que el episodio piloto detenta una frescura y una atmósfera ensoñadora e inquietante que en nada se parece a los típicos thrillers de crímenes actuales, lo cierto es que con el correr de la trama el hechizo se desvanece rápidamente.

La tensión termina por dispersarse entre tantas subtramas y algunos personajes que no aportan gran contenido a la historia. El elemento misterioso y sobrenatural no se compagina de forma equilibrada con el drama de época y por momentos esta desproporción conduce al agotamiento y la confusión.

Si algo debemos rescatar es la estética, el diseño de arte y la fotografía que hacen de Picnic at Hanging Rock un deleite visual para los espectadores. El estilo gótico de la casona se entremezcla con paisajes deslumbrantes y colores vivos hipersaturados que invitan a la experiencia hipnótica. El vestuario es otro de los grandes acierto. Las estudiantes vestidas de blanco reflejan el símbolo de la pureza, aquella que les fue impuesta como su única fuente de valor y la que pronto deberá ser entregada al mejor postor.

Temas como la sexualidad reprimida y la complicidad entre las jóvenes víctimas de una educación machista y severa, resultan fundamentales para la historia. Nuevamente, el feminismo se hace presente en la televisión mediante una serie de cuestionamientos que, a pesar de la época en que transcurre la historia, no parecen para nada lejanos a nuestra contemporaneidad.

Picnic at Hanging Rock es una ficción distinta, oscura, psicodélica y con una puesta en escena sugerente y muy cuidada. Más allá de que no logre estar a la altura de la cinta de Weir y que presente cierta desproporción en los elementos que intenta introducir, su visionado resulta un buen ejercicio para el ojo cinéfilo cada vez más acostumbrado a las historias de crímenes y misterio estandarizadas.

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