Los premios a la TV y al cine: ¿qué tan imparciales son?

Hace 3 meses
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Se dice que la temporada de premios figura entre los momentos más anticipados por los aficionados del cine y la televisión. Meses en que la prensa y el público especulan sobre los posibles nominados y ganadores según la calidad de los títulos, pero también las tendencias al interior de la industria, las inquietudes sociopolíticas del mundo e incluso los gustos personales. Si la ilusión se pierde con el tiempo –así lo sugieren los cada vez menores índices de audiencia de las principales ceremonias– se debe en buena parte a las continuas decepciones de certámenes que parecen sumidos en la parcialidad hacia algunas tendencias muy específicas.

Factores sociales

La más sonada de los últimos años, así como la más grave de todas. Cada vez hay más películas y series protagonizadas por afroamericanos, latinos y asiáticos, tanto por la inquietud de los creativos por contar historias centradas en las distintas etnias, como por los deseos de los principales estudios por abordar cada vez más mercados. Irónicamente, esto no se ha visto reflejado del todo en premiaciones que siguen siendo predominantemente blancas.

Sí, han habido cambios desde el infame #OscarsSoWhite del 2015, pero insuficientes para certámenes que exigen más representación. Como prueba el Emmy que sólo galardonó a dos histriones de color de doce categorías posibles o el Oscar 2020 con nueve nominados blancos de diez. La necesidad por mostrar inclusión ha sido tal que medios norteamericanos han etiquetado a Antonio Banderas o Anya Taylor-Joy como actores de color.

Caso similar al de las mujeres directoras, con siete nominadas en toda la historia del Oscar y sólo dos ganadoras. El 2021 fue una auténtica anomalía al incluir dos realizadoras en la terna, siendo Chloé Zhao la vencedora por Nomadland. Aun así es difícil decir si fue un verdadero paso al momento de reconocer la calidad por encima de lo masculino y lo femenino, o una medida política para reducir la presión social.

El prestigio por sobre todas las cosas

La temporada de premios siempre se verá salpicada por la polémica por el simple hecho de que sus plazas son limitadas. Aun así, un vistazo al pasado hace pensar que los votantes de antaño mostraban mayor objetividad al priorizar la calidad, así como las aportaciones temáticas y narrativas, pero sin discriminar por el carácter popular de los proyectos. Como prueba el Oscar, cuyo historial de nominados a Mejor película durante los 70 y 80 incluye títulos que para nada estuvieron peleados con la taquilla como Tiburón, Star Wars, Los cazadores del arca perdida y E.T.

Esta posición cambia en los 90 ante el ascenso del cine independiente. De gran calidad, sí, pero que apoyado por estigmas artísticos desplaza a los principales estudios a un segundo plano y termina con cualquier aspiración del blockbuster, señalado como un producto de consumo masivo y sin valor cultural. El caballero de la noche es el afectado por excelencia, aunque Jurassic Park, El rey león, Frozen, Logan y Puñales por la espalda bien pueden ser considerados.

La solución fue ampliar la máxima terna a diez nominados pero sólo funciona en el año 2009 de su instauración con Up y District 9; tiempo después se sugiere una estatuilla a Mejor película popular que ni siquiera logra concretarse por las críticas que recibe. Black Panther no es más que una excepción, pues aunque su nominación fue más que merecida, se vio beneficiada por una serie de factores sociopolíticos externos.

El caso de las series es similar, sólo que en este caso las afectadas son las producciones de televisión abierta. Superadas por los presupuestos que caracterizan a la televisión de paga, pero también por sus altos niveles de rating y –no está de más decirlo– por su número de membresías en la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión (ATAS). O lo que es lo mismo, más votantes, más nominaciones.

Ni qué decir de la inversión para la promoción. Como sucedió con Emily in Paris, cuya nominación al Globo de Oro 2021 le llevó a ser señalada por un artículo de Los Angeles Times en el que se explicó que “en 2019, más de 30 miembros de la HFPA volaron a Francia para visitar el set de la nueva serie. Una vez ahí, Paramount Network dio al grupo una estadía de dos noches en el hotel de cinco estrellas Peninsula Paris, donde los precios de las habitaciones comienzan en alrededor de $ 1,400 USD la noche, y una conferencia de prensa y un almuerzo en el Musée des Arts Forains, un museo privado lleno con atracciones que datan de 1850, donde se rodaba el espectáculo. ‘Nos trataron como reyes y reinas’, dijo un miembro que participó en la visita al set“.

Una competencia desbalanceada que invariablemente afecta títulos de gran potencial y que ni siquiera son considerados. Tal es el caso de Superstore, que cosechó buenas críticas a lo largo de sus seis temporadas, pero ni una sola nominación en los principales certámenes. La falta de objetividad no termina aquí.

Sin distinción de género...

El drama es el género favorito del Oscar, mientras que otros son tan ignorados que sus nominaciones a Mejor película pueden contarse sin problema. Once para la ciencia ficción, seis para el terror, tres para la animación y solo una estatuilla entre todos ellos para El silencio de los inocentes. Un reconocimiento que puede atribuirse a que es una cinta menos purista y que incluye muchos elementos propios del drama. Esta es la razón por la que la comedia o el musical acumulan historiales tan exitosos, porque son capaces de deambular muy cerca del dramatismo puro y duro.

No es el caso de las series, con nominaciones de peso a shows tan variados como La dimensión desconocida, Star Trek, Los expedientes secretos X, Lost, The Walking Dead y Game of Thrones. Ha habido pecados, siendo Buffy La cazavampiros el más sonado por verse limitada a las nominaciones técnicas y por el ninguneo a su protagonista Sarah Michelle Gellar. Un rechazo que, más allá del género, debe ser atribuido a la naturaleza young adult del show y la identificación de la actriz con este mismo target.

Porque los nombres pesan y mucho. Tal es el caso de Meryl Streep, una de las mejores actrices de todos los tiempos y quien ostenta el récord a más nominaciones histriónicas al Oscar, algunas de las cuales parecen más por historial o costumbre que por méritos. Música del corazón, En el bosque y Florence Foster Jenkins son buenos ejemplos. Esta misma tendencia aplica para las series, siendo otro factor por el que los shows buscan elencos cada vez más renombrados. Una inversión que casi siempre rinde frutos en los certámenes.

Ninguna apreciación artística puede ser netamente subjetiva. El cine y las series no son la excepción, y aun así sus respectivas premiaciones han mostrado tendencias tan marcadas que su credibilidad ha sido puesta en duda en más de una ocasión. Hoy más que nunca, la imparcialidad es urgente para contener la inconformidad de un público que exige cambios y que no dudará en cambiar de canal si estos no suceden cuanto antes.

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