¿Quién mató a Sara?

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La nueva serie mexicana de Netflix es tan vertiginosa como desordenada

Hace 6 meses
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Cuando comenzamos un nuevo libro, un cómic, una película o, en este caso, una nueva serie, el punto principal para engancharnos es la historia, la cual puede mantenernos como fieles espectadores debido a la solidez de la misma o alejarnos completamente cuando esta es demasiado inconsistente.

En la construcción de cualquier guion, algo que se debe tomar en cuenta, y que debe tener gran relevancia, es la justificación de cada hecho que se presenta. No importa si la historia te cuenta sobre una invasión alienígena, si existe un ser súper poderoso con la capacidad de destruir o proteger el planeta de cualquier persona o si incluso existen miles de viajes en el tiempo: cualquiera de las tramas debe respetar un planteamiento para siempre hacer que el espectador pueda entrar en la convención de lo que se plantea. En ese sentido, existen muchas producciones que obvian ese elemento fundamental por darle mayor peso a los giros de tuerca de la trama, mismos que funcionan para retener al público en momentos más flojos. Los elementos sorpresa muchas veces sirven para engañar al público de que siempre está sucediendo algo.

Y es por fin que entramos en materia del asunto que nos compete. ¿Por qué tanta explicación para hablar de ¿Quién mató a Sara? ? Porque vamos a necesitar de esa pequeña introducción para decir que esta nueva serie mexicana de Netflix falla bastante.

De primera me gustaría aclarar que ¿Quién mató a Sara? está siendo vendida como una serie, aunque propiamente se apega más al melodrama, un formato muy usado por las telenovelas. Y tristemente, parece que he repetido mucho este argumento en otras reseñas, pero la industria mexicana, o al menos la parte que presenta Netflix, parece destinada a recaer en este error constantemente; casos como Ingobernable y Monarca son ejemplos perfectos de ello. 

¿Quién mató a Sara? es una producción que trata de emular los dramas de suspenso alrededor de un crimen donde TODOS son culpables y existe alguien, el protagonista y principal afectado, en volver y tomar venganza por aquello que sucedió años atrás; una mezcla de la novelas de Agatha Christie y El Conde de Montecristo. Así que hasta ahora no hay nada nuevo bajo el sol. Pero la molestia no está en la originalidad de su historia, está en la forma de contarla.

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La trama nos presenta a Alex (Manolo Cardoná), un hombre de entre 30 y 40 años que lleva 18 abriles encerrado en la cárcel acusado de la muerte de su hermana. Con una condena de la que restan aún 12 años más, el sistema le concede libertad condicional por buena conducta. Este suceso llevará a Alex a cumplir su promesa de venganza contra la familia Lazcano, quienes a base de engaños lo obligaron a aceptar la culpa de una acusación que no cometió y que más adelante lo llevó a la cárcel en su juventud. Su salida pondrá en alerta a los Lazcano, una familia que él apreciaba mucho en su juventud; además lo unía a ellos la relación entre Sara, su hermana, y Rodolfo, el hijo mayor de los Lazcano, quienes 20 años atrás tenían una relación amorosa, hasta que un día paseando en Valle de Bravo ella murió al romperse el paracaídas del que iba y caer al lago. Este planteamiento desatará la venganza de un hombre lleno de rencor que saldrá a acabar con sus enemigos. Para lograr su plan recibe ayuda de un hada madrina que le da las armas y la capacidad económica para poner en marcha su plan, y aunque al principio no se justifica la razón de esta ayuda, más adelante se revela la excusa que para ese entonces se vuelve innecesaria y no cambia el rumbo de la serie.

Crédito: Netflix

El primer punto que hace que la gente no entre en la convención es ver salir a un hombre que ha pasado la mitad de su vida en la cárcel siendo un experto tecnológico y de comunicaciones, quien lograr mantener la tecnología más avanzada para hackear el sistema de la familia Lazcano. No hay una mínima razón para que este hombre, que ha estado por tanto tiempo encerrado, tenga los conocimientos necesarios para lograr esa hazaña con una facilidad tal como si fuese una búsqueda de Google. Además, su anonimato queda expuesto desde que él decide tomar la casa donde vivía con su madre y hermana cuando era joven como escondite. 

Ese crucial error sería el punto perfecto para no hablar más y exponerles que de ahí para arriba la serie se sostiene con una serie de tramas sacadas de la manga, que solo sirven como momentos de giro en impacto dentro de la historia, pero que carecen de sentido, lógica e importancia para el resto de la serie. 

Crédito: Netflix

La historia, que se plantea coral, falla por lo plano de los personajes que giran en torno a Alex. Cada uno toma decisiones cuestionables, como es el caso de Elisa (Carolina Miranda), la menor de los Lazcano, que vuelve del extranjero y decide investigar el porqué acusan a su familia, al mismo tiempo que se enamora de aquel que busca acabar con su familia. A tiempo caen las máscaras y se descubre la identidad de cada uno, y esto más que causar un conflicto afianza el apoyo, pero ella sigue confiando y viviendo del dinero de su familia. No se puede ser juez y parte. 

Crédito: Netflix

Quitando a los hermanos Lazcano, que están más de relleno y cumplen la cuota de ser los hijos atormentados por el yugo de su padre, y la desafortunada cuota LGBT+ que no aporta nada a la trama, llegamos al gran villano, César Lazcano que es interpretado por el actor español Ginés García Millán, que al igual que él su personaje es de España, elemento que no tiene ninguna relevancia. Esto parece entendible cuando vemos que el creador de la serie es José Ignacio Valenzuela, quien ha escrito diversas telenovelas para Telemundo; por muchos años la combinación de actores de diferentes nacionalidades interpretando a miembros de una misma familia ha sido usado recurrentemente. Podemos ver a un padre mexicano y la madre colombiana, pero sus hijos uno es de origen argentino, el otro español y uno más de Miami. Las nacionalidades y los acentos de los actores se vuelven irrelevantes dentro de la historia. 

Pero volviendo al villano, lo construyen como un ser sin escrúpulos, a quien solo le importan temas como la hombría y el poder. Es por ello que está involucrado en negocios como la trata de blancas, maltrato animal, asesinatos, engaños, paraísos fiscales; pero al final llega un momento donde lo humanizan para justificar que puede que todo eso esté mal, pero hay algún buen hombre dentro de su persona. 

Crédito: Netflix

Todos estos elementos vuelven a ¿Quién mató a Sara? una de las producciones con más problemas en la historia de Netflix. Pero aún con ello no dudaría que esta se vuelva en uno de los contenidos que llegue pronto al Top 10 de la plataforma debido a la facilidad de consumo de ya que apunta a una gran narrativa que se embellece del ritmo frenético, del suspenso e incluso de la seriedad con que se plantea la historia para esconder todos los hilos y debilidades de las que está verdaderamente formada. 

La serie ya tiene confirmada una segunda temporada, dato que se revela al final de su primera entrega con un pequeño avance de los episodios futuros. Por lo cual, queda claro que la producción se grabó por completo y probablemente se dividió.

Pero una duda me surge: ¿es una “serie” (realmente telenovela) producida y concebida para Netflix o es una que se quedó en lista de espera de otro canal que la plataforma tomó por el éxito que tienen este tipo de producciones en la competencia y busca acaparar ese nicho de mercado?

Crédito: Netflix

Más sobre
esta serie

¿Quién mató a Sara?

  • Emisión
  • Netflix
  • Géneros
  • Drama
  • Actores
  • Ginés García Milán
  • Carolina Miranda
  • Manolo Cardona
  • Año de inicio
  • 2021
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¿Quién mató a Sara? (2021)

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