The Strain

Recap

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Hace 4 años
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El capítulo tres de la cuarta temporada de The Strain nos mostró cómo nuestros personajes siguen resistiéndose a la victoria de los strigoi sobre la humanidad. Además, los ha puesto a repensar a cada uno de ellos acerca del rol que tuvo la humanidad misma en dejarse destruir por estos monstruos, cómo el hombre ha sido partícipe en su destrucción y lo sigue siendo. 

Por un lado, volvemos a encontrarnos con Fet, Quinlan y sus nuevos secuaces, Charlotte y Roman. Este grupo sigue en la búsqueda del silo donde solía trabajar Roman, con el anhelo de encontrar un misil que todavía funcione. Sin embargo, la desesperación hace que la tensión aumente, sobre todo para Quinlan, quien parece un poco agotado de ayudar a los seres humanos. El mitad hombre/mitad vampiro no es famoso por su tacto y expresa abiertamente que, en gran parte, es la humanidad la responsable de haber detonado las bombas que trajeron el invierno nuclear que permitió al Amo salir de las cañerías. Por supuesto que comentarios como éste no son bien recibidos, pero la misión es clara y, más allá de la tensión, deben continuar.

Finalmente, llegan a la base donde solía estar apostado Roman, sólo para encontrarse con cadáveres tanto de humanos como de strigoi. Sin embargo, el misil todavía está allí. Cuando Quinlan se asoma al pozo para observarlo con felicidad, recibe disparos desde adentro de la base y cae. Alguien todavía está vivo.

Sin embargo, el Renacido no es tan fácil de matar y sobrevive a la caída, aunque queda algo magullado. Fet se mete en la base por una entrada alternativa para enfrentarse a quien sea que esté disparando y rescatarlo. Quien ha sobrevivido al ataque de los strigoi es un joven soldado, que se encuentra aterrorizado, porque, una vez más, señala que los humanos están colaborando con los vampiros y que por eso no puede confiar en nadie. Para detenerlo en sus ataques, Fet no tiene otra alternativa más que dispararle y mientras el soldado agonizaba en sus brazos, Quinlan lo remata con un disparo en la frente. Fet nuevamente no parece muy contento por las actitudes de su compañero y Quinlan, a su vez, muestra su cara más salvaje y despiadada.

Todo parece marchar bien, suben el misil al camión con alegría, ya que es la pieza que les faltaba de acuerdo a lo que Setrakian había indicado. Sin embargo, cuando Roman empieza a revisarlo, descubre que falta una de sus partes, esencial para la detonación. El grupo comienza a desesperarse, pensando que los strigoi han destruido su única posibilidad, pero Roman les explica que es imposible destruir la parte faltante sin generar una catástrofe, por lo que lo más probable es que los vampiros la tengan guardada en algún lugar. Una nueva misión se abre ante ellos: encontrar la pieza que falta y así poder completar su misil.

Por otro lado, Eph ya se encuentra cómodo con los rebeldes y está poniendo en práctica su plan de envenenar la sangre que les distribuyen a los strigoi para alimentarse. Sin embargo, no será una misión sencilla, ya que la seguridad de los edificios donde viven los vampiros y todo lo que ingresa o sale de ellos, es muy ajustada. Eph se da cuenta de que ellos no podrán hacer la entrega, deberán lograr que sean los mismos trabajadores de The Partnership quienes viertan la sangre envenenada en las cañerías. 

Para lograrlo, Eph, junto a Max, la líder de este grupo de rebeldes, carga en un camión como los que usan los strigoi para transportar humanos (sí, exactamente como aquel en el que él fue atrapado, o Dutch y Setrakian) y persiguen con cautela uno de los camiones que distribuyen la sangre. En un cruce de calles, otros miembros de la rebelión simulan un choque de camionetas de The Partnership, obligando al camión a detenerse. 

Mientras el camión se halla detenido y su conductor discutiendo con los rebeldes (disfrazados de trabajadores de The Partnership), Max y Eph introducen el veneno dentro del tanque. En contados segundos y con el riesgo de ser descubiertos, logran envenenar la sangre que será luego distribuida a los strigoi.

La misión es un éxito. Horas más tarde, se dirigen a una de las casas donde residen los vampiros y los encuentran a todos muertos. Incluso los gusanos se hallan muertos en el suelo. Vemos a Eph sonreír después de mucho tiempo. Sin embargo, en una de las habitaciones de la casa, encuentran una suerte de oficina donde se estaba planeando la distribución de algo que no se sabe qué es a todas las ciudades de Pennsylvania. Una vez más, nos damos cuenta de que hay humanos colaborando con los strigoi.

En su lujosa habitación, nos encontramos con Zach. El pequeño se encuentra con Abby, una jovencita que el Amo contrató como empleada doméstica y, también, para que Zach tenga algo de compañía. El niño se encuentra un poco obnubilado por la joven, probablemente porque es un adolescente con las hormonas atolondradas, pero también porque desde que detonó la bomba, no tiene contacto con nadie fuera del mundo de los strigoi. Abby, sin embargo, se halla horrorizada ante todo lo que encuentra en la casa de Zach, principalmente su vampiro/mascota, que siempre parece a punto de atacarla. También se ve horrorizada ante los lujos que Zach tiene, en comparación con la precaria situación que viven todos los demás. A pesar de que Zach le asegura que nada va a pasarle, la joven huye.

Zach la persigue por la calle, y le regala unas frutas que Abby se había visto tentada a robar. Cuando un strigoi intenta atacarlos en la calle, Zach le indica que Abby está con él y el strigoi retrocede. Así, el niño la convence de que la acompañe a un lugar donde podrán estar solos, sin strigoi en el medio.

Finalmente, la lleva al Museo de Ciencias Naturales, ahora completamente vacío, donde mientras contemplan los animales, Zach se entera de que la familia de Abby murió a causa de la bomba que él mismo detonó. Sus acciones empiezan a tener consecuencias. Movido por la culpa y la soledad, Zach le dice a Abby que cualquier cosa que necesite se la pida, que él va ayudarla.

Al regreso de su cita, Zach se encuentra con el Amo y sugiere que tal vez ya no deba tomar “lo blanco”, porque se siente bien y ya no tiene problemas respiratorios. El Amo lo manipula, diciéndole que la elección es suya, pero que si decide no tomar más su sangre, deberá dejar el edificio e ir a vivir como un niño normal, por lo que ya no podrá ayudar a Abby. Ante esta perspectiva, Zach acepta una vez más y continúa bebiendo la sangre del Amo.

Horas después, el Amo descubre que el veneno de Eph ha funcionado. Más de dos mil strigoi han sido aniquilados en una noche en Filadelfia. Ante ésto, llama a Eichorst, quien rápidamente se da cuenta de que sólo Setrakian o sus secuaces podían estar detrás de este acto de terrorismo. Lejos de deprimirse por la muerte de sus hermanos, Eichorst se alegra porque ahora sabe dónde buscar a sus enemigos.

En los próximos capítulos suponemos que la lucha será más cercana, que nuestros protagonistas ya no tendrán tanto lugar para pensar sus ataques. Eichorst irá tras ellos con la misma furia de siempre. 

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  • Emisión
  • FX
  • Géneros
  • Ciencia Ficción y Fantasía
  • Drama
  • Terror
  • Año de inicio
  • 2014
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