Sharp Objects

4.3Artículo

Cómo delatar la belleza detrás de las heridas abiertas

Hace 2 años
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Cuando leí Gone Girl de Gillian Flynn, no entendía por qué muchos calificaban a Amy Dunne (Rosamund Pike) como una villana. Al menos para mí, el famoso monólogo de la chica cool tenía sentido y era lógico. Evidentemente, simpatizar con una sociópata como Amy Dunne es algo extraño, pero tras reflexionar al respecto, la empatía que sentía hacia ella no provenía de sus acciones, sino de la humanidad con la que Flynn la había escrito y sobre todo, de los motivos tan cercanos y verosímiles que tenía para llevar a cabo sus crímenes.

Nunca me ha gustado la palabra “villano” para describir a un personaje. Como ocurre en la vida real, calificar a alguien como “el bueno” o “el malo” de la historia falla en capturar la complejidad de la experiencia humana. Contrario a lo que nos enseñan de pequeños, el mundo está lleno de grises; por supuesto, es más fácil vivir en una realidad donde sólo exista el “blanco” y el “negro”, pero todos sabemos que no es tan sencillo. En lugar de las descripciones anteriores, encuentro más acertado hablar de protagonistas y antagonistas, ambos personajes complejos cuyos motivos son lo suficientemente convincentes para que, si bien no llegue a justificar sus acciones como lector, pueda sentir empatía hacia ellos y pueda comprender cada una de sus decisiones.

Menciono todo lo anterior porque Sharp Objects (o Heridas abiertas, como se conoce la novela en español) es quizá el trabajo más complejo de Gillian Flynn. Con su llegada a la pantalla chica de la mano de HBO y el director Jean-Marc Vallée (Big Little Lies), la historia adquirió nuevos matices que no son tan evidentes en el texto y que discutiré a continuación. Más que un thriller o una historia whodunnit*, Sharp Objects es interesante por la disección que hace de la violencia y por la atrevida exploración que realiza de cómo ésta se mantiene latente a pesar del tiempo y el espacio.

La conservación de la violencia

En la familia Preaker, todas las mujeres son víctimas y victimarios. Cuando la serie inicia, es fácil pensar en Camille, la protagonista, como la víctima de una madre cruel que nunca supo cómo amar a su propia hija. Sin embargo, conforme transcurren los capítulos, el personaje de Adora resulta ser todo lo contrario a una madre irresponsable e incluso hace énfasis en mencionar lo afortunada que Camille es de tener una madre como ella, ya que Adora no tuvo la misma suerte.

El personaje de Adora (Patricia Clarkson) es particularmente interesante porque la matriarca Preaker constantemente hace referencia a una madre ausente, alguien que fue muy exigente y poco cariñosa. Es curioso entonces que, al final de la serie, se descubra que Adora sufre del síndrome Münchhausen por poder, un trastorno que lleva a las personas que lo padecen a enfermar a otros con la finalidad de convertirse en los cuidadores y protectores de sus víctimas. Si la madre de Adora era un ser tan cruel como su hija la retrata, Adora terminó en el otro extremo del espectro: su trauma la volvió alguien que no concebía la idea de ver a sus hijas como seres independientes. El amor que Adora daba a sus hijas, dependía de cuánto ellas llegaran a necesitarla, razón por la cual Camille siempre recibía malos tratos de su madre, ya que la protagonista era alguien que nunca se sometió a sus deseos. En su mente retorcida, la única forma que Adora tenía de demostrar su amor era provocando que sus hijas la necesitaran al grado de poner en riesgo sus vidas. Para Adora, enfermar a sus hijas y cuidar sus heridas representaba el acto más grande de amor que podía llevar a cabo por ellas. Sin embargo, aunque las intenciones de Adora en teoría sugieren que ella quiere evitar repetir lo que ella sufrió de pequeña, sólo perpetúan la violencia, de una forma distinta, en la familia Preaker.

Lo cual nos lleva a los personajes de Amma y Camille. En el caso particular de Amma (Eliza Scanlen), la joven es una persona tan fragmentada por la violencia (y el amor) que sufre a manos de su madre, que puede llegar a ser igualmente manipuladora como alguien que tiene una gran necesidad de cariño y atención. Los asesinatos que Amma lleva a cabo son sólo una reacción a los celos y a la inseguridad que ella sintió cuando vio que otras personas –Ann Nash y Natalie Keene– comenzaban a llamar la atención de su madre.

Puesto que Adora se aseguró que Amma siempre necesitara de ella a través del Münchhausen por poder, era lógico que la joven se sintiera amenazada cuando otras chicas de su edad empezaban a quitarle el lugar que ella creía que merecía por defecto. Contrario a lo que el montaje final de la serie puede sugerir, la psicopatía de Amma no sólo tiene componentes de una ira desmedida, sino también de un miedo tan profundo a perder a sus cuidadores que la lleva a desaparecer a cualquier persona que considere como una amenaza a su bienestar. De cierto modo, lo único que Amma estaba haciendo era protegerse de lo que ella consideraba como una amenaza a la única dinámica que conocía y de la que fue víctima.

Por otra parte, Camille (Amy Adams) tampoco está libre de culpa. Quizá Camille no sufra de un trastorno como el de su madre y tampoco vaya por la vida matando a cualquiera que se cruce en su camino como lo hace su media hermana, pero la protagonista tiene otra forma más cruel de perpetuar la violencia de la que es víctima: haciéndose daño a ella misma. Sólo porque no esté lastimando a alguien más, esto no significa que las acciones de Camille no tienen el mismo impacto las de Adora o Amma. ¡Estamos hablando de alguien que se corta a sí misma, grabando las palabras que usaron en su contra en su propio cuerpo! Al igual que el resto de los personajes de esta historia, la reportera es incapaz de encontrar una mejor forma de lidiar con su trauma y cortarse a sí misma es la única manera que tiene de exteriorizar el dolor que siente todo el tiempo. A primera vista, Camille puede parecer una víctima de todos los demás, pero sus acciones –mudarse lejos de Wind Gap, desafiar constantemente a su madre, tratar de empoderar a su hermana– sugieren que ella es más compleja, más fuerte y con un mayor poder de decisión de lo que “víctima” puede llegar a describir.

Las dinámicas de poder en la familia Preaker

Si es interesante analizar a los personajes de forma individual, lo es aún más cuando vemos las relaciones de poder que mantienen entre ellos. Como se mencionó anteriormente, es fácil pensar en estos personajes como víctimas, pero existen varios momentos en la historia que sugieren lo contrario.

En el episodio Cherry, Amma tiene una línea muy importante que sirve para entender la dinámica de poder que existe entre las mujeres Preaker. Tras una noche de fiesta, mientras hablan de los chicos del pueblo, Amma le dice a su hermana: “A veces, si permites que la gente te haga ciertas cosas, en realidad tú se las estás haciendo a ellos. Ésta es un frase que sólo expresa una persona que está consciente de su poder y que al mismo tiempo admite que quizá ser víctima también tiene sus beneficios: no sólo es una posición muy cómoda porque deposita la responsabilidad de su bienestar en alguien más, sino porque también es una posición donde existe la posibilidad de controlar el discurso.

Amma está consciente de que su madre la envenena de vez en cuando para sus propios deseos egoístas, pero Amma lo permite porque esto le da la oportunidad de tener otra vida completamente distinta a la que tiene en su casa. Y Adora lo sabe; Adora sabe que su hija no es la joven inocente a la que viste y cuida todos los días, pero mientras ambas cumplan el acuerdo no verbal que mantienen entre ellas, ambas hacen caso omiso de las carencias y defectos de la otra. Ellas están en posiciones iguales de poder. Por esto, es que Amma comete los asesinatos: porque para ella, el que Adora le ponga atención a alguien más es una violación al acuerdo (tóxico) que toda su vida ha mantenido con su madre. Y lo mismo ocurre al final de la serie cuando Camille adopta la posición de Adora: Amma acepta a la protagonista como su nueva cuidadora, pero tan pronto existe alguien que pone en riesgo su posición, Amma no puede evitar hacer algo al respecto, incluso cuando Camille no opere bajo la misma mentalidad que Adora.

También hay algo que decir del sexismo y machismo que existe en Wind Gap, el pueblo que subestima a sus mujeres y las ve como instrumentos de chisme. En la serie, el jefe de policía Vickery (Matt Craven) rechaza la idea de que el asesino pueda ser una mujer constantemente. En Falling, por ejemplo, las amigas de Amma verbalizan esta problemática cuando el jefe de policía les advierte que corren peligro en la calle porque hay un asesino suelto: O asesina. No sea sexista, Vickery“, le responde una de las amigas de Amma.

Lo novedoso de Sharp Objects es que pone a sus mujeres cien pasos adelante que los hombres. Aquí, las mujeres controlan la narrativa sin uso de la fuerza. Es justo mediante la información que cada una recopila o posee que Sharp Objects subvierte la usual dinámica de poder donde los hombres tienen el control. Adora lo hace a través de su posición y el miedo que todos le tienen; Amma usa su sexualidad y su popularidad para controlar a sus amigos (y a algunos adultos incluso); Jackie (Elizabeth Perkins), la examiga de Adora, adquiere poder mediante la investigación que hace de la muerte de Marian; Ashley (Madison Davenport), la novia de Josh Keene, es quien guía la narrativa de lo que ocurre con su pareja hasta el último minuto y, por último, Camille, quizá la más poderosa de todas, obtiene el control al simplemente escuchar las historias de los demás y ser quien, a pesar de todos los insultos hacia su persona, al final arma el rompecabezas que nadie pudo. Y todas ellas llevan a cabo sus propias agendas sin que los hombres se den cuenta de que están bajo su merced.

Hay una razón por la que Vickery constantemente señala a John Keene como el asesino: tal y como él se lo narra a Camille en Falling, su problema es que lloró demasiado por su hermana, algo que resultó una admisión de culpabilidad para los habitantes de Wind Gap. Los hombres no tienen permitido tener esos sentimientos, le responde Camille de manera sarcástica, quien al haber vivido la experiencia de perder una hermana, entiende el dolor de John perfectamente.

Con todo lo anterior, uno no puede evitar preguntarse qué pasó por la cabeza de todos los personajes masculinos de Sharp Objects cuando se reveló que Adora y Amma eran las culpables de la muerte de Marian, Ann y Natalie, respectivamente. Lo más seguro es que, al menos uno de ellos, siga siendo incapaz de creer el desenlace de esta historia… Al igual que algún televidente, probablemente.

“Quería escribir acerca de protagonistas femeninas oscuras, dañadas y con problemas. Todos esos personajes masculinos están en donde quiera que veas y lo han estado por cientos de años en la literatura. Ese ha sido el arquetipo”, declaró Gillian Flynn en una entrevista a BBC News.

Si algo nos dio Gillian Flynn con Sharp Objects, tanto en su formato de novela como de serie, es algo que rara vez vemos en la cultura del entretenimiento: una mujer que no tiene reparo en mostrar sus heridas y contar su historia. Y como Camille lo demostró, hay cierta belleza detrás de esa cruda verdad que todos, mujeres y hombres, guardamos dentro de nosotros.

whodunnit: historia que le da la oportunidad al público de jugar al detective al mismo tiempo que los personajes tratan de descubrir el misterio detrás de la incógnita central de la trama. Usualmente, la trama gira alrededor de un crimen.

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4.3
  • Emisión
  • HBO
  • Géneros
  • Drama
  • Suspenso / Thriller
  • Año de inicio
  • 2018
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