Apropiación cultural: la eterna controversia de la industria hollywoodense - Spoiler Time

Apropiación cultural: la eterna controversia de la industria hollywoodense

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¿Ambición, homenaje o falta de respeto? La apropiación cultural es compleja. El análisis de Luis Miguel Cruz.

Apropiación cultural. Dícese del “acto de tomar o usar cosas de una cultura que no es la tuya, especialmente sin demostrar que entiendes o respetas esta cultura” [vía]. Podría sonar como una controversia del mundo globalizado y aunque es un hecho que se ha potenciado en los últimos años, lo cierto es que viene de mucho tiempo atrás. ¡Casi con el nacimiento de la sociedad misma! Pero no nos pongamos históricos y centrémonos en el área que nos compete.

Si la moda, la música, el maquillaje y hasta los juegos de mesa han caído en la tendencia, no hay razón para pensar que las películas y las series estarían exentas de la misma. De hecho, ha sucedido casi desde los orígenes de la industria.

Suele identificarse con las historias de angloparlantes en sitios presuntamente exóticos como serían África, Asia, América Latina e incluso algunos lugares de Europa. Esto, no está de más recalcarlo, con personajes que no se integran a las normas y costumbres zonales, sino que se colocan por encima de ellas. Una especie de colonialismo simbólico donde el blanco es superior al dócil nativo, etiquetado por tantos analistas culturales como un buen salvaje. Hollywood lo ha hecho por años, primero valiéndose de la fuerza de su industria y la potencia de sus estrellas, lo que dejó películas como Mogambo y Hatari! en las que Clark Gable y John Wayne hacían todo tipo de desmanes en África; con el tiempo con el argumento de abrir fronteras para ampliar el mercado, como La gran muralla en que Matt Damon salva a toda China de una amenaza.

Crédito: Metro-Goldwyn-Mayer

Este último ejemplo conduce a otro problema, el whitewashing, actores primordialmente caucásicos que interpretan personajes de otras etnias. En unos casos la caracterización se ha limitado a los atuendos, como sería el de Barbara Eden en Mi bella genio; pero en muchos otros ha caído en elecciones absurdas como la de Alec Guinness en Lawrence de Arabia, en maquillajes ofensivos como el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes o en un poco de ambos como cuando John Wayne encarnó a Genghis Khan en The Conqueror. Peor aún es que pasa el tiempo y la práctica continúa, lo que pudo apreciarse en Éxodo: Dioses y Reyes donde Christian Bale y Joel Edgerton dan vida a Moisés y Ramsés II. No nos olvidemos de la controvertida Aloha en la que Emma Stone interpreta a una joven con un cuarto de ascendencia hawaiana y un cuarto de ascendencia china. Ni de la más reciente Ghost in the Shell con Scarlett Johansson encarnando a la Mayor Motoso Kusanagi. Nadie explicó mejor el casting que Los Angeles Times: “la única etnia que le importa a Hollywood es la de la taquilla”.

El carácter exótico no se limita a lo foráneo, sino que trasciende a lo local. Ahí está el polémico blackface, que consistía en pintar actores para que interpretaran personajes de color y dotarlos de exagerados rasgos como serían unos labios gigantescos. Todo esto, complementado además de presuntos elementos de identidad negra como serían movimientos, acentos y jerga. Tan racista que desapareció casi completamente en los 30, lo que no impidió que la técnica fuera recuperada con otros fines narrativos en algunas ocasiones. Tal fue el caso de Otelo que quiso aprovechar el talento de Laurence Olivier para la interpretación del moro y que incluso le valió el Oscar al actor; caso similar al de Tropic Thunder donde Robert Downey Jr. se mofa de los esfuerzos de los actores blancos por hacerse con reconocimientos mediante la interpretación de otras etnias. Irónicamente, él mismo fue nominado al Premio de la Academia por su labor.

Crédito: Paramount Pictures

Igual de grave es la incomprensión de las culturas ajenas que invariablemente desemboca en retratos lamentables. El mejor exponente en el terreno afroamericano es Canción del sur, con la que Walt Disney intentó emular el éxito de Lo que el viento se llevó con un homenaje a los afroamericanos en tiempos de la posguerra civil y terminó entregando una historia de añoranza a la esclavitud. Tan infame que el estudio ha hecho todo lo posible por borrarla de su historia: no existe en formato casero, no está en Disney Plus y no hay indicios de su llegada en un futuro cercano. ¡Incluso los parques temáticos reemplazaron su atracción Splash Mountain por una inspirada en La princesa y el sapo!

Tampoco nos olvidemos del western que por años plasmó al nativo norteamericano de un modo despectivo y salvaje. Una visión que sólo cambió cuando el género entró en su etapa revisionista, siendo la Trilogía de la Victoria del John Ford el punto más alto de la práctica. Películas más modernas como Danza con lobos y Woman Walks Ahead incluso revirtieron la fórmula y mostraron al nativo norteamericano como una cultura respetuosa de su entorno al tiempo que cuestionaron la brutalidad del hombre blanco. Nada de esto impidió una que otra mofa que llega acompañada de una buena dosis de polémica, como sucedió con Johnny Depp en El llanero solitario.

Por su naturaleza localista, estas apropiaciones también son recurrentes en las industrias de aquellos países marcados por el colonialismo y el mestizaje. Sudáfrica, Australia y todos los que integran Latinoamérica.

Crédito: Walt Disney Studios

Eso sí, no está de más recalcar que las películas y series contemporáneas que caen en la apropiación cultural rara vez lo hacen con fines ofensivos, sino que caen en errores propios de la ignorancia. Riesgos que se reducen considerablemente cuando las producciones son apoyadas por especialistas y respaldadas por un buen trabajo de investigación, como fue el caso de Cartas desde Iwo Jima, Apocalypto e incluso Coco y Encanto. Tan es así, que si bien estos y otros títulos similares no han podido escapar del debate, sí que se han ganado el respeto e incluso el cariño de las audiencias correspondientes a las regiones señaladas.

Ya lo decíamos al principio: la apropiación cultural no es un problema reciente, pero sí que se ha potenciado en los últimos años. El lado positivo es que los mismos avances que magnifican la polémica también ayudan en las soluciones, pues cada vez son más los que señalan a los proyectos que caen en situaciones de este tipo. Parece imposible ante la maquinaria del entretenimiento, pero no descartemos que llegue el día en que el dilema sea erradicado para siempre.

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