Reflejos del caos: nuestra eterna obsesión con el cine catástrofe - Spoiler Time

Reflejos del caos: nuestra eterna obsesión con el cine catástrofe

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Todos los caminos conducen al caos. La historia del cine catástrofe bajo la pluma de Luis Miguel Cruz.

El ser humano siente una fascinación natural por la catástrofe. Buscamos de forma obsesiva imágenes de terremotos, incendios, tornados y todo tipo de desastres. Una práctica que va de los viejos archivos periodísticos a los incontables videos que inundan las redes sociales. Y aun así nos cuesta trabajo mirar la desgracia a la cara. Todos hemos visto hasta el cansancio la caída de las Torres Gemelas, pero sufrimos cuando recordamos al sujeto anónimo cayendo desde lo alto o peor aún la controvertida fotografía de Todd Maisel que muestra una mano cercenada. Quizá por esto sentimos tanto encanto por el cine de catástrofes, porque sacia nuestra curiosidad, incluso nuestro morbo, desde la comodidad y sin marcarnos con momentos que nos perseguirán por el resto de nuestras vidas.

El cine de catástrofes es voyeurismo. Es imposible imaginarlo sin una secuencia climática regida por la destrucción. Así lo demostraron los grandes clásicos, como La aventura del Poseidón con la violenta ola que vuelca el navío titular o Terremoto con un feroz movimiento tectónico que colapsa la urbe angelina, en una fórmula que trascendió hasta exponentes más recientes como los vientos huracanados de Tornado o el magma ardiente de El pico de Dante. En mayor o menor medida, secuencias hipnóticas que convierten el desastre en entretenimiento.

Crédito: Universal Pictures

Pero no se confundan. Aunque hay quienes piensan que este tipo de películas plasman la lucha entre el ser humano y una naturaleza indomable, más bien plasman su esfuerzo por sobrevivir hasta en las condiciones más extremas. Después de todo, el cine de catástrofes no se limita a sismos, incendios y otros fenómenos del entorno, sino que también incluye los distintos percances provocados por nuestra propia especie. Ahí está Luz de día con un túnel colapsándose tras un feroz accidente o World Trade Center centrándose en la lucha por sobrevivir de dos bomberos durante el infame 9/11. Incluso Límite vertical o la más reciente Everest con personas entrando deliberadamente en situaciones de alto riesgo que terminan saliendo mal.

Más significativo aún es que no hay escape, ya todos los caminos conducen al caos. Es precisamente por esto que, muchos años antes de que la industria se tornara inclusiva, el cine de catástrofes sorprendió por su amplísima diversidad. Tramas protagonizadas por blancos y negros, niños y ancianos, ricos y pobres, gobernantes y gobernados… Nunca ha sido casualidad, sino una forma de externar que nadie está completamente a salvo en un mundo plagado de peligros. Como Armageddon, con el inminente colapso de un asteroide del que no hay escape.

Crédito: Armageddon

Esto es también un recurso para abordar toda clase de historias. Pensemos en Titanic, que convirtió el hundimiento más famoso de todos los tiempos en un drama romántico. Más recurrentes son aquellas que invitan a la reflexión sobre seguridad como Infierno en la torre, pero sobre todo de humanidad como El día después de mañana, cuya secuencia de migración invertida que conduce al perdón de la deuda latinoamericana provocó aplausos en el mundo, siendo esto un cruento reflejo del mundo tan dispar en que vivimos.

Se demuestra así que también son proyectos ricos en potencial simbólico. El ejemplo por excelencia es Godzilla que plasma los miedos atómicos, pero no nos olvidemos de otros exponentes como Presagio con Nicolas Cage emprendiendo una carrera contra el tiempo por evitar la aniquilación global. Una que, dicho sea de paso, no tiene escapatoria y culmina con la calcinación terrestre a causa de una llamarada solar.

Crédito: Netflix

Porque en un esfuerzo por aumentar su impacto, el cine de catástrofes se ha tornado cada vez más catastrófico, lo que no significa más espectacular, sino más cínico. Los caos de antaño han sido reemplazados por tragedias globales de las que no hay escape. La nobleza de Impacto profundo sustituida por la franca desesperación de Greenland. Un mundo sin héroes, sólo luchas aisladas por salir avante.

¿Significa esto que no hay esperanza? Todo lo contrario. Es imposible pensar en cine de catástrofes sin momentos que inviten al cambio y la reflexión. Ya lo decía el presidente Thomas Whitmore en Día de la independencia, “ya no podemos ser consumidos por nuestras pequeñas diferencias”. Son, en otras palabras, películas que deambulan entre la espectacularidad visual y la invitación a un mundo mejor a partir de la unión.

Crédito: 20th Century Fox

Suena moralista, pero no lo es. Todos los que, en mayor o menor medida hemos vivido o estado cerca de una tragedia en el mundo real sabemos que la mejor forma de superar las crisis es a través de la solidaridad y el apoyo al prójimo. Quizá por esto es que el cine de catástrofes ha sido tan exitoso a través del tiempo. No porque nos permita contemplar la tragedia, sino deleitarnos con la fuerza de una humanidad conjunta que es capaz de salir avante hasta en los momentos mas adversos.

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