Animando las fiestas decembrinas con una divertida cinta mexicana, pero… - Spoiler Time

Animando las fiestas decembrinas con una divertida cinta mexicana, pero…

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Guadalupe Reyes encuentra ligeros chispazos de entretenimiento que desafortunadamente no rescatan una trama vacía y sin rumbo.

¡Qué placer y regocijo poder recordar con alegría las viejas aventuras que como personas hemos tenido a los largos de los años con nuestros más queridos amigos! Aquellas anécdotas en las que solamente imperaba la diversión y la irreverencia, generando un viaje hacia la nostalgia, pues a manera de tragedia, en diversas ocasiones la vida misma se encarga de separar nuestro camino de los que más queremos, pero cuando se da la oportunidad y más en época de festividades, nuestra alma rejuvenece y se plantea lograr una hazaña más para la remembranza, como bien dicen por ahí, por la anécdota. Justamente de eso va la nueva cinta mexicana Guadalupe Reyes, una apremiante producción que planea instaurar el ánimo adecuado para las posadas decembrinas.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=z6ou7CN_hpU

Desde que eran adolescentes, Luis y Hugo han sido uña y mugre (tal vez les recuerde a algún amigo); juntos han vivido todo tipo de experiencias y los más osados desafíos, pero a raíz de que Luis se casó con Ximena, el primer bombón que le tiro la onda, los caminos de estos dos se separaron. 10 años después, Luis ahora es un hombre de 40 años de edad con actitud de 60, que lleva años trabajando en el mismo despacho de contadores. Hugo, en cambio, es un hedonista postmoderno que a sus 40 vive como si tuviera 20. Cuando Hugo tiene una severa crisis de edad, va en búsqueda de su amigo y lo convence de llevar a cabo el Guadalupe – Reyes, donde vivirán todo tipo de aventuras y experiencias, pero también pondrá a prueba su amistad y a cada uno por separado los hará enfrentar sus temores y a replantear su vida.

Uno de los elementos más rescatables de esta película lo encontramos sin duda alguna en sus protagonistas, los actores Martin Altomaro y Juan Pablo Medina, quienes se notan en completa confianza y naturalidad, un vínculo fortalecido a través de los años pues su amistad traspasa la barrera de la pantalla grande y le permite al espectador sumarse a su osada desventura ya que por momentos su carisma y elocuencia retratan una alegría que llevará a más de uno hacia sus memorias del pasado, añorando un reencuentro con esas viejas amistades que solían romper cada fiesta a nuestro lado. Su interacción y diálogos, en su mayoría, te permiten comprar un cuento gastado sobre una persona que busca nuevos aires para rehacer su vida. Y es que ver a dos chavorrucos echar fiesta no siempre resulta muy placentero, pero aquí el inconformismo se deja de lado y provoca querer saber hasta dónde serán capaces de llegar para cumplir su meta.

Pero..

La cinta como tal no termina de funcionar en muchos aspectos porque no encuentra un sentido propio para su existir. Sin bien la intención del director Salvador Espinoza y los guionistas Erik Zuckermann, Harald Rumpler y Marcos Bucay es transmitir un mensaje sobre la redención, el mantener cerca a quienes más amamos, el descubrimiento y el perdón, la propia cinta se encarga de cimentar un hecho trascendental: todo versa sobre la fiesta, el alcohol y sus repercusiones, situaciones que ha sido explorada con anterioridad y de mejor manera en otro tipo de producciones. También afecta el uso de chistes que rayan en el racismo y situaciones machistas que en nada ayudan a nuestra actualidad, con clichés burdos y poco creíbles.

El mensaje como tal se diluye conforme avanza la trama, e incluso esta misma va perdiendo su intención al tratar de mezclar una dura formalidad con el desvarío principal, pues los mejores ratos de Guadalupe Reyes son cuando menos se toma en serio y se presta para una burla y una sátira hacia la idiosincracia mexicana. El jugar un doble papel repercute para su desenlace. Además, siempre se utiliza la misma visión sobre las esferas de la clase alta, gozando y teniendo visibilidad dentro de la cinematografía mexicana, como si este círculo social fuera el único que vale la pena para contar historias de ficción.

El resto del elenco se nota desenganchado, sin intención, como si los hubieran invitado de última hora a la posada del trabajo y no tuvieran de otra más que ir solos, con el rostro desencajado y esperando que todo acabe temprano para ir a dormir, justo así, pues sus interacciones con el par de cabecera se siente en ratos desangelado. Y al final también la dirección planteada no termina por cuajar, pues así como empieza, termina, sin pena ni gloria, generando un leve esbozo en el rostro de quien la ve y quedando dentro del catálogo de las buenas intenciones mal ejecutadas.

El apartado sonoro, aunque alude con mucho fervor hacia tonadas de la vieja guardia, se vuelve un tema forzado y muy obligado para su trama, pues pocas rolas fluyen a la par de la situación que presenciamos en pantalla. Aquí impera el meter de manera exacerbada elementos para el chavorruco que llevamos dentro y que solo terminan por saturar un producto que desde un inicio se plantea insípido. 

En resumen

Guadalupe Reyes funge como un mero recordatorio de que las buenas amistades están hechas para perdurar y combatir cualquier inconveniente, y que al final no hay mejor experiencia que compartir grandes momentos junto a los grandes amigos que la vida se ha encargado de poner en nuestro camino y que hemos decidido elegir como familia.

Ah, y que ya estamos más que preparados para iniciar el Guadalupe Reyes y, si es posible, extenderlo hasta el Día de la Candelaria (siempre y cuando nuestro cuerpo no se deshaga en el proceso).

😛

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