Girls

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Análisis de la sexta y última temporada

Hace 4 años
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Si Lena Dunham se ganó el reconocimiento de ser “la voz de una generación” (o, al menos, una voz), es por haber creado una serie que representa el proceso de descubrimiento emocional, sexual y profesional de las mujeres jóvenes en la actualidad. No deja de estar centrada en un grupo de chicas blancas de clase media con problemas no tan importantes (de ahí las críticas que tuvo -y quizás siga teniendo- la serie) pero su logro está en haber salido de los estereotipos femeninos y haber marcado un estilo propio. En Girls las relaciones casi siempre (por no decir siempre) terminan mal, la amistad es todo menos permanente y la desnudez es sinónimo de vulnerabilidad y no de poder sexual.

Por todo esto, cuando se especulaba sobre el final de Girls se hablaba del final de una era, porque no solo terminó una serie sino un espacio en la televisión en el que las mujeres eran representadas sin recurrir a las personificaciones de Sex and the City.

Una era. También se habla de una era en términos de una etapa, de un ciclo. Cuando Lena Dunham empezó a escribir Girls, con 23 años, lo hizo pensando en las dificultades de una joven que salía de la adolescencia para enfrentarse al mundo real (o, mejor dicho, lo que en ese momento pensaba que era el mundo real). Hoy, habiendo cumplido 30, escribió una serie sobre la maternidad, la soledad, el perdón y la decepción.

El aprendizaje de este camino y la experiencia adquirida de ella como guionista hicieron que esta temporada de Girls, a mi parecer, sea la más personal de todas. La serie siempre estuvo atravesada por sus vivencias personales, sí, pero es ahora cuando alcanzó una madurez (personal y creativa) tal que le permitió plasmar su pensamiento frente a los temas sociales de hoy de manera que cada capítulo se sienta como una carta al mundo. American Bitch, el tercer episodio de la temporada (que por cierto es uno de los mejores de toda la serie), es un ejemplo de esto. En él, la serie deja a un lado la historia de los personajes, incluso la de Hannah, y se centra en contar una mirada sobre el desequilibrio social entre hombres y mujeres con una marcada diferencia de edad.

Uno de los aspectos más destacados de esta sexta temporada es que la sensación de que cada capítulo esté comprendido en una temática o enfoque distinto hace que todos parezcan auto-conclusivos. En este sentido, la serie demuestra cómo es posible alejarse de la narrativa serial tradicional donde la historia está distribuida democráticamente a lo largo de la temporada para pasar a ofrecer una narrativa mucho más contenida en pequeñas joyas que hacen a los capítulos.

Este formato, además, permite que cada capítulo esté dedicado a un personaje en especial. O, más precisamente, al final de un personaje. En una temporada en la que Hannah, Marnie, Shoshanna Jessa están más distanciadas que nunca y casi ni aparecen juntas en una misma escena, darles un final a cada una de ellas era bastante complicado. Por eso, haberles dedicado un capítulo (o gran parte de un capítulo) a cada una me parece una decisión más que acertada. Mención aparte, y para no dejar de comentar sobre los (grandes) hombres de la serie, los capítulos enfocados en Adam y Elijah fueron una maravilla.

Volviendo a la distancia entre las chicas, por más dolorosa que pueda llegar a ser para el espectador (al menos para mí), creo que refuerza la emoción de la escena en la que, despreocupadas por las diferencias que las había separado, se encuentran bailando juntas como en los primeros días. Esa es la situación que representa la esencia de Girls y con el que me hubiera gustado que termine la serie. Porque créanme, me gustó el final, pero no dejo de sentirlo con gusto a poco. El momento en el que su hijo se logra prender a Hannah es tremendamente emotivo pero no deja de ser una resolución a un conflicto de un solo capítulo, lo que no llega a generar el mismo sentimiento que la escena del baile, que de por sí es algo que cierra el recorrido de toda la serie.

Sin embargo, entiendo que el final del décimo capítulo esté creado para cerrar la etapa en la que conocimos a Hannah y dar comienzo a la nueva vida que tiene por delante. En ese plan, series como Breaking Bad, Mad Men y The Sopranos también tuvieron finales más cerrados en sus ante últimos capítulos que en sus finales propiamente dichos.

De todas maneras, no hay nada que pueda criticarle a una serie que definió a una generación y se hizo el lugar para convertirse en un nuevo clásico. Fueron unos 6 años divertidos, tristes, inspiradores y oscuros pero, sobre todo, hermosos. Hasta siempre, Girls. Gracias por cambiar la televisión.

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