Ello, yo y superyo: American Psycho interpela DEMASIADO a Freud - Spoiler Time
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Ello, yo y superyo: American Psycho interpela DEMASIADO a Freud

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De las ilusiones ninguno de nosotros escapa.

Quien ha visto American Psycho (2000) jamás podrá olvidar un nombre: Patrick Bateman. Desde la repulsión a la ofensa pasando por lo onírico, la ambigüedad de si Bateman es o no un asesino en serie es lo que persigue a todo aquél que se enfrenta a la cinta.

La duda se hace mayor aún porque en ningún momento podemos descifrar qué trastorno de personalidad tiene, y aunque un diagnóstico no es el objetivo de la película, sí podemos acercarnos a una teoría más o menos acabada. Y es que American Psycho interpela gratamente a Freud y su ello, yo y superyo.

¿De qué estoy hablando? El ello es el componente instintivo de la personalidad de las personas, como comer, dormir, aparearse, etc. El yo es la porción de la personalidad que se modifica o moldea por las experiencias o el mundo externo. Por último, el superyo es lo ideal desde la parte más profunda del deseo. El personaje de Bateman está trazado muy fuertemente por instintos puros y duros. ¿O acaso sus comidas con compañeros de trabajo, sus altas dosis de sexo y sus muy primitivos actos de violencia no son movimientos de ese tipo? Dejemos en claro algo: Bateman nació con instintos humanos comunes (hasta el asesinato lo es… pensemos en las guerras) que están pervertidos por las influencias que lo rodean.

Ahora, su ego o yo, lo que mueve a sus acciones terroríficas, está inferido por lo que lo rodea. El mundo capitalista es lo que lo percude. Bateman reconoce las marcas de los los trajes que hay al otro lado de la calle. Ese mundo lo hace meditar y es lo que lo hace especial, distinto para la mayoría de quienes habitan la tumultuosa ciudad de Nueva York. Sin embargo, su narcisismo está mediado por el odio: desde su cuestionamiento al capitalismo al vejar al vagabundo, pasando por el desprecio al orden establecido cuando se enfrenta a sus compañeros de trabajo, recalando en la figura de las prostitutas como cuerpos desechables.

¿Y qué sucede con el superyo? Unido a lo anterior, podríamos marcar que su ideal está distorsionado debido a las influencias sobre el ego. El ego es la conexión entre las ilusiones y la realidad. Si bien en cierto punto Bateman tiene sentido de conciencia (moral), no tiene ni un ápice de necesidad interna de detener su camino de degeneración o violación de lo socialmente pactado. No se va a detener hasta que sus ilusiones se establezcan, toman forma, cosa que nunca sucederá ya que es como un león cebado por la perfección sin que haya un límite establecido.

Haciendo una lectura simple, la clave del capitalismo y la sociedad moderna, o sea, el salvaje negocio de las finanzas, mismo en el que Bateman está sumergido, es el que domina el yo del asesino serial. La falta de ética y sobre todo moral en ese espacio es moneda corriente. El joven fue criado en el seno de una familia adinerada; el padre, dueño de una empresa aparentemente exitosa como P&P, forma parte de ese círculo. Por lo tanto, los espacios cercanos a Bateman son amorales y poco éticos frente a la vida regular del estadounidense promedio. El choque de experiencias es lo que mueve su accionar. El ego de Bateman se vuelve difuso y así tiende hacia la oscuridad. 

Con esto que escribo no justifico lo realizado por Bateman, pero es un punto de partida para explicar la malicia de las personas reales. La “creación” de los psicópatas podría ser analizada a través del ello, el yo y el superyo, sin que ello signifique que se encuentre una salida, porque de las ilusiones ninguno de nosotros escapa.

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