La historia del cine y las series en Latinoamérica - Spoiler Time

La historia del cine y las series en Latinoamérica

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Para Luis Miguel Cruz el entretenimiento latinoamericano es un reflejo fundamental para entender nuestra propia existencia.

Hay momentos en la historia en las que el cine y las series de Latinoamérica se sienten tan dispares con su contraparte estadounidense que casi pareciera que pertenecen a mundos distintos. No es así, pues como todo el entretenimiento, tienen un punto en común. Nos referimos a sus orígenes, con el cine y todo lo que su producción implica llegando al territorio latinoamericano en 1986, apenas un año después de la primera exhibición a cargo de los Lumière en París.

Las brechas en comparación con otras industrias no tardaron en hacerse palpables. En Hollywood bastaron unos años para el surgimiento de la industria y la consolidación de sus primeras estrellas: Douglas Fairbanks, Gloria Swanson, Buster Keaton, Charles Chaplin, Greta Garbo, por nombrar algunas. La situación en América Latina fue distinta, pues si bien hubo estupendas películas y grandes nombres en esta misma época, la popularidad del arte cinematográfico no se disparó realmente sino hasta la llegada del sonoro a finales de los 20 y principios de los 30.

A esto sumemos el interés que numerosos cineastas extranjeros en nuestros distintos territorios y en la amplísima gama de posibilidades narrativas que ofrecían, lo que los motivó a filmar numerosas películas en los distintos países de la región. Este interés, a su vez, resultó en el surgimiento de las primeras grandes productoras de la región, muchas de las cuales contaron incluso con apoyo público. Todo esto resultó en un círculo que incrementó los ingresos en la taquilla e invariablemente aumentó el número y la calidad de las producciones. Esto, aunado a toda la experiencia previa de los pioneros de las distintas industrias fue clave para una mejora más que evidente en las cinematografías de cada país, siendo la llamada Época de Oro del Cine Mexicano el mejor ejemplo.

Crédito: Clasa Films Mundiales

La consolidación no tardó en llegar, pues fue entre los 30 y 40 cuando las industrias de los distintos países empezaron a encontrar a sus principales estrellas histriónicas y realizadoras. No menos importante, las historias que enamoraban a sus audiencias nacionales y en muchos casos internacionales, con señas de una identidad propia que iba más allá de los géneros. Aunque si de esto último se trata, los más populares fueron la comedia y el drama, una dualidad extrema que ha motivado numerosas investigaciones, muchas de las cuales coinciden en que el gusto no es más que un reflejo de la realidad del latinoamericano y su sentir hacia la vida. El musical también tuvo fuerza, aunque eso sí, con producciones considerablemente más modestas que las vistas en la unión americana.

Los caminos comienzan a abrirse con la II Guerra Mundial. Estados Unidos se torna sumamente proteccionista con su industria, la única de toda la élite fílmica que puede mantenerse gracias a la lejanía del conflicto. Sin los recursos suficientes para seguirle la carrera y sometida a las consecuencias de un mundo que empieza a tornarse cada vez más globalizado, los cineastas latinoamericanos se decantan por las propiedades el neorrealismo italiano y la nouvelle vague. El primero se centra en los andares del hombre ordinario en su dura existencia cotidiana; el segundo se manifiesta abiertamente contra los convencionalismos de la época. Con el tiempo, esto motiva el surgimiento de movimientos e iniciativas como el Cinema Novo en Brasil, el Grupo Cine Liberación en Argentina y muy especialmente el Nuevo Cine Latinoamericano.

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Fue en la misma posguerra cuando la televisión empieza su camino ascendente entre el público, con un modelo netamente estadounidense que apunta de lleno al entretenimiento y la idealización. Latinoamérica tuvo claro desde un inicio que emular este tipo de producciones sería poco fructífero, por los aspectos económicos, pero también por la ideología de las audiencias, lo que motivó a los creativos a decantarse por la telenovela, que terminó convirtiéndose en todo un símbolo del bloque. Puedes leer más de este fenómeno aquí.

El panorama vuelve a cambiar en los 70 a causa de las dictaduras militares, lo que resulta en un auténtico cine de resistencia desde distintos frentes. Desde el exilio, como fue el caso de numerosos cineastas que se refugiaron en países europeos, primordialmente europeos para escapar de la persecución política. También desde la clandestinidad, con la filmación y distribución de material prohibido. Por su parte, aunque hubo producciones de gran calidad, muchas de las producciones aprobadas carecían de la potencia narrativa de antaño, lo que resultó en una bajada de popularidad que se manifestó de lleno en los 80. Una década que, para colmo de males, marcó una edad de oro y renovación para el cine hollywoodense, que terminó por devorar muchas industrias con menos recursos. Tal fue el caso de las latinoamericanas, que desde entonces quedaron íntimamente ligadas a las subvenciones estatales.

Pero como cada vez, la creatividad latinoamericana salió avante. Los últimos años del siglo XX marcan un auténtico resurgimiento en toda la región, con películas que reflejan con enorme destreza los dilemas y preocupaciones sociales de cada país. Obras de alto impacto que resuenan con fuerza en las salas nacionales, pero también en las internacionales y que invariablemente obligan a todo el mundo a mirar hacia nuestro cine y con ello, hacia nuestras vidas. Todo esto de la mano de jóvenes talentos como Alejandro González Iñárritu (México), Lucrecia Martel (Argentina), Fernando Meirelles (Brasil) o Pablo Stoll (Uruguay) que terminan convirtiéndose en referentes mundiales y en auténticos guías para las nuevas generaciones de talento que siguen llegando hasta nuestros días. El caso de las series es similar, beneficiadas además por el auge internacional de la pantalla chica y por el ascenso del internet que con el tiempo va abriendo paso al streaming.

Crédito: Miramax

El futuro es prometedor, pues cada vez hay más talento latinoamericano que sobresale ante los ojos del mundo, ya sea con producciones locales o extranjeras. Esto último, además, en todo tipo de producciones que van del independiente al blockbuster. El reconocimiento está ahí, en la taquilla, así como en las grandes premiaciones. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. La cada vez más marcada globalización ha provocado que los problemas que enfrenta el cine en general se extiendan por otras latitudes. La industria hollywoodense actualmente batalla por mantener a flote todos aquellos proyectos que no tienen la etiqueta de superproducciones, un dilema que afecta con fuerza a la industria latinoamericana y más tras una pandemia que dejó tocados a muchos exhibidores.

La historia continúa escribiéndose. Contemplémosla como se debe: en la pantalla. Y nunca con recelo, pues más que mero entretenimiento, las películas y series latinoamericanas son un reflejo fundamental para entender nuestra propia existencia.

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