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Personajes que extrañamos #26: Stephen Holder

The Killing es una de esas series memorables a las que todos, tarde o temprano, volvemos. Y mucho de ese éxito se debe a la gran pareja de detectives que tiene como protagonistas: Sarah Linden y Stephen Holder. Por eso, hoy, en esta sección llamada Personajes que extrañamos, le rendimos homenaje a él, ese joven que empezó desde lo más bajo y oscuro, para convertirse en un hombre hecho y derecho y en un gran detective. 

En el principio, Holder no era lo que esperábamos. Su look despreocupado, su lenguaje de la calle, su desfachatez, nada indicaba el talento que se escondía en su interior. Además, la combinación con la parca Sarah Linden también parecía equivocada: una mujer tan dura e impermeable con un joven que parecía tener más en común con los delincuentes que con sus colegas no auguraba la relación maravillosa que formaron.

Lo cierto es que Stephen Holder venía de una infancia difícil, en la que fue criado por su hermana, y un pasado de adicciones en el que había tocado fondo, llegando hasta a robarle a su propio sobrino para comprar drogas.

Sin embargo, Holder supo reponerse y se convirtió en un excelente policía en la rama de Narcóticos, lo cual terminó llevándolo a iniciar su carrera como detective, aunque nadie lo tomara en serio.

En ese magnífico auto, en el que él y Sarah no paraban de fumar y tomar café, se convirtió en el profesional y ser humano que es al final de The Killing. Si bien en un comienzo sus métodos no eran los tradicionales, cegándose incluso de vez en cuando y torciendo la ley para conseguir resultados, Holder terminó siendo un gran soporte para Sarah y confió en ella ciegamente, defendiéndola a capa y espada. La lealtad entre ambos creció desde la desconfianza más ciega hasta que ese auto se convirtió en el paraíso personal para ambos. 

Lo más interesante de la relación de Holder y Linden es que, a pesar de que su lealtad era indiscutible, muy pocas veces tuvimos insinuaciones románticas entre ellas. Por supuesto, se trataba de dos universos muy diferentes que entraban en contacto de maneras maravillosas y, por lo tanto, era difícil considerarlos una pareja propiamente dicha. Incluso para ellos mismos. Pero creo que allí está la clave de que haya podido formar un vínculo tan conmovedor. 

En el final de The Killing podemos ver a un Holder todavía más maduro, que es capaz de hacerse cargo de su hija y de vivir una vida plena. Holder está tan bien plantado que, ni bien aparece Sarah en la puerta de su casa, está listo para pedirle que se quede junto a él, regalándonos uno de los finales más bellos de la televisión.

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