¿Qué es el “terror elevado” y por qué Scream hace una incisiva crítica al subgénero? - Spoiler Time

¿Qué es el “terror elevado” y por qué Scream hace una incisiva crítica al subgénero?

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Parece un género simple, pero el terror tiene muchísima tela para cortar.

En la nueva Scream se hacen apuntes respecto al nuevo subgénero del horror y el terror, el art house horror, y no solo eso: como ya es costumbre en Scream, la entrega hace meta críticas al género al que este misma pertenece.

En esta nueva entrega “el terror elevado” toma su lugar en la incisiva critica al ser comentado como una versión sobre leída del género y subraya temas lo demasiado “rebuscados” más que poner a un asesino enmascarado a desmembrar gente (característica del slasher). Los guionistas y directores de esta nueva cinta apuntan que hoy en día las historias de este nuevo subgénero están sobrevaloradas e infladas con situaciones más que forzadas; que los espectadores van al cine a ser espantados por medio de un buen susto, no a explorar sus más profundos traumas. De esta manera, Scream valida nuevamente sus bases y permanencia en el género, lo que la hace divertida, pero también ya un clásico dentro de los meta comentarios y las autoreferencias, así como los guiños cinéfilos.

Aunque ambos estilos cinematográficos (slasher y el art house horror) son lo suficientemente atractivos como para disfrutarlos en plenitud, Scream tiene razón en algo: el espectador va al cine a ver películas de terror, no a encontrar la raíz de sus laberintos existenciales; va a ser asustado con simples jumps scares bien o mal elaborados y que en los últimos años hemos puesto a estas películas de “terror elevado” en un lugar que probablemente sí se han ganado. Sin embargo hemos dejado de lado el típico slasher que le ha dado forma al horror desde hace casi ya cincuenta años.

Fuente: Paramount Pictures

El slasher tuvo su nacimiento formal, tampoco muy consciente de esto, con la película de 1961 de Alfred Hitchcock titulada Psycho. Aunque el subgénero se establece mucho tiempo después formalmente y el trabajo de Hitchcock se adhiere a este, tiene una deformación en forma y fondo. Después adquirió características que lo hicieron parte también del cine de explotación por su excesivo uso de sangre y temáticas, muchas de las veces sexuales. Aunque el slasher es netamente norteamericano y tiene sus variaciones en varias partes del mundo como el “giallo” con Mario Bava y Dario Argento, sus ingredientes siempre eran castigar a los “pecadores”. Por eso las reglas de Randy en Scream (1996) están basadas en no tener sexo ni tomar drogras o alcohol, porque seguramente vas a morir. Estas bases morales formaron al slasher y por eso muchas veces vimos muertes tan absurdas que logró desacreditarse como un género de calidad.

Los apuntes o las críticas que Scream hace ahora al art house horror dan vueltas en que su propia naturaleza no le permite tener los ingredientes que este terror elevado tiene y critica lo pretencioso que el género terror en sí se ha vuelto, dejando de lado los simples asesinatos de un enmascarado metareferencial con historias y giros rebuscados. Películas como Hereditary y Midsommar (Ari Aster, 2018), The Witch (Robert Eggers, 2015), It follows (David Robert Mitchell, 2014) y/o Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016) han sido algunos ejemplos de cómo existen autores de cine de terror que han llevado al subgénero a nuevos niveles.

Fuente: Universal Pictures

La diferencia de este “terror elevado” o art house horror es que tiene su base en lo que se nombra “stimmung” o “atmósfera”. La historia de un muy buen guion es acompañado de elementos como la escenografía, la música y la fotografía para establecer un stimmung efectivo que trasladen a espectador a un estado de ánimo donde comience a sugestionarse para ser rematado casi siempre con un efectivo vuelta de tuerca que termine de causar el shock. El stimmung  puede llegar a ser muy efectivo cuando el director tiene una apreciación artística desarrollada y experiencia en el género del terror, o por lo menos ha estudiado a los clásicos como El estudiante de Praga, El Golem o Nosferatu, para por lo menos poder tener una idea de cómo ocasionar los momentos que predispongan al espectador.

Esto se remonta evidentemente al expresionismo alemán y al caligarismo (por El Gabinete del Dr. Caligari) que atribuía su atmósfera a los sets que jugaban muy bien con las sombras, por medio de un juego de luz que aprovechaba los diseños de set y el maquillaje de los actores para dar un estilo visual acorde con lo que se trataba de plasmar. Recientemente, Joel Coen en The tragedy of Macbeth, independientemente de sus evidentes excelentes actuaciones y dirección, dialoga mucho con el arte expresionista en su faceta cinematográfica. Los sets aparentan ser más grandes y amplios gracias a un efectivo juego de luz con un diseño de arte muy minimalista y artificioso más que naturalista que se daba más al inicio de la corriente caligarista que al final con Nosferatu de F. Murnau.

Esas atmósferas, cuando se saben ocupar y están bien empleadas, logran el más efectivo terror psicológico acompañado con giros de tuerca sorpresivos que ocasionan que el espectador salga perturbado del cine gracias a todo este conjunto de elementos.

Fuente: Vertigo Média

La recuela Scream, entonces, se consolida como la más importante película slasher de la historia del cine por su metacomentario, sus auto referencias y por supuesto por su sangre en cada una de las muertes.

Increíble pero real.

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