Roald Dahl, el peculiar escritor inglés que marcó a la industria audiovisual para siempre - Spoiler Time
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Roald Dahl, el peculiar escritor inglés que marcó a la industria audiovisual para siempre

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La mezcla perfecta entre la fantasía y lo terrible en sus textos puede ser una buena cura o un buen entretenimiento.

¿Qué tienen en común Tim Burton, Wes Anderson, Steven Spielberg y Henry Selick, además de ser directores de películas tremendamente exitosas? Los cuatro han sido influenciados por la misma persona: nada más y nada menos que Roald Dahl.

El autor británico que desarrolló su carrera mayoritariamente como escritor de historias infantiles se halla entre los favoritos de estos cuatro directores exitosísimos, quienes lo citan como una de las influencias que los llevaron a imaginar historias que nadie más pudo. Partiendo de esa base, no hace falta mucho para notar que la relación entre Roald Dahl y el cine y la televisión es profunda y en constante crecimiento.

Un 13 de septiembre de 1916 nació Roald Dahl, el tercer hijo de Harald Dahl, un hombre noruego que había emigrado al territorio británico y se había convertido en un afortunado burgués gracias a la industria mercantil de los barcos. Harald, que primero había estado casado con una mujer francesa con la que había tenido dos hijos, había quedado viudo y había contraído matrimonio con Sofie Magdalene, otra emigrante noruega que provenía de una familia aristócrata y madre de Roald. De este modo, en el seno de su hogar, Roald, que luego sería un ejemplo del uso de la lengua inglesa, hablaba principalmente noruego.

Si algo se destaca en las historias infantiles de Roald Dahl es que, a pesar de ser para niños, tienen siempre un toque macabro o un villano malísimo capaz de aterrorizar a sus lectores. Quizás, ese toque de oscuridad provenga de su propia historia familiar: cuando Roald Dahl tenía tan solo tres años, en un plazo de semanas perdió primero a una de sus hermanas, Astri, de apendicitis y, luego, a su padre, de neumonía.

También, personajes reales y malvados de su propia infancia inspiraron personajes ficticios y malvados que provocarían temor e ira en sus historias, como Miss Trunchbull, la temible y brutal directora de Matilda, que estaba basada en la dueña de una tienda de golosinas a la que Dahl solía ir de niño y a la que solían hacerle travesuras con sus amigos para castigarla por su falta de simpatía. O, tal vez, esos directores de escuela que encontraban un placer sádico en castigar físicamente a alumnos como Dahl cuando esas mismas travesuras salían a la luz e incluso los alumnos de cursos superiores, que utilizaban como esclavos a los de cursos inferiores y los maltrataban tanto psicológica como físicamente.

Toda esa oscuridad que Dahl fue mamando durante sus años de infancia y formación es la que luego fue abriéndose paso en sus historias, por más infantiles que fueran. Los villanos de Dahl son villanos de verdad, inescrupulosos e imperdonables.

Como si lo visto en sus primeros años de vida no fuera suficiente, Dahl creció para terminar convirtiéndose en un piloto de avión para el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial, donde padeció todo tipo de penurias (hasta un accidente que lo dejó ciego por un tiempo) y vivió en carne propia los horrores de la Guerra, así como también la pérdida de un hijo propio años después a causa del sarampión.

Su carrera como escritor comenzó durante su tiempo junto a la Fuerza Aérea británica, con un primer relato que narraba ese accidente que casi lo deja ciego y que salió publicado en el Saturday Evening Post. Luego, llegarían las historias para niños como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, James y el melocotón gigante y más.

Sin embargo, esas historias para niños no eran las únicas: Roald Dahl también supo desarrollar historias y relatos para adultos, que sorprendieron al público por su humor negro y sus vueltas de tuerca. Esas historias se publicaban usualmente en revistas, como The New Yorker, Playboy o Harper’s.

Su relación con la industria audiovisual es obvia: muchas de sus obras han sido adaptadas e, incluso, más de una vez. Matilda, por ejemplo, es un clásico con el que toda una generación ha crecido y recuerda con cariño.

Su estilo, además, como mencionaba al comienzo de este artículo, tan original y capaz de mezclar lo oscuro, lo siniestro y lo macabro en una historia para niños, fue fundacional para algunos de los directores más exitosos de la época, como Tim Burton, Wes Anderson o Steven Spielberg. En el caso de los dos primeros, de hecho, esa influencia es bastante visible y ambos estuvieron involucrados en la adaptación de obras de Dahl.

Pero eso no es todo: en vida, Roald Dahl también se relacionó con la industria audiovisual. El autor trabajó como guionista durante los años 60, adaptando por ejemplo las obras de Ian Fleming para las películas de James BondSolo se vive dos veces (con Sean Connery en el papel de 007) y Chitty Chitty Bang Bang, protagonizada por Dick Van Dyke. Además, fue él mismo quien se ocupó de adaptar por primera vez Charlie y la fábrica de chocolate para realizar el filme de 1971, Willy Wonka & the Chocolate Factory.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=2cBja3AbahY

Hoy en día, la figura de Roald Dahl sigue tan presente como siempre en la industria audiovisual: hace apenas unos meses en la plataforma de streaming de la N roja, Wes Anderson estrenó cuatro cortometrajes inspirados en relatos del autor, con un elenco que da envidia (Benedict Cumberbatch, Ralph Fiennes y Ben Kingsley, por nombrar a algunas de las figuras que aparecen).

Por otro lado, esta semana los cines de todo el mundo serán sacudidos con la llegada de Wonka, el musical fantástico protagonizado por Timothée Chalamet en tono de precuela de Willy Wonka & the Chocolate Factory, esa película de 1971 que el mismísimo Roald Dahl ayudó a adaptar.

En un mundo cada vez más complejo y que coquetea con la oscuridad y lo macabro, la mezcla perfecta de Roald Dahl entre la fantasía y lo terrible puede ser una buena cura o un buen entretenimiento, será por eso que su nombre nos sigue inspirando y arrastrando frente a las pantallas.

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