El fascismo y su relación innegable con el cine y la televisión de ayer y hoy - Spoiler Time
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El fascismo y su relación innegable con el cine y la televisión de ayer y hoy

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El fascismo es quizás una de las grandes vergüenzas de la historia de la humanidad. Surgido en Italia en la década del 20, luego del final de la Primera Guerra Mundial, tenía como líder a Benito Mussolini, quien se alzó con el poder en el 22 y estableció en todo el país europeo un régimen totalitarista. Como movimiento político, incluso podemos decir que el fascismo fue una de las “inspiraciones” del nazismo, ya que el nacionalsocialismo puede considerarse un fascismo ampliado, con agregados racistas y antisemitas.

De la mano de Mussolini, el fascismo, sin embargo, fue uno de los movimientos políticos que más impulsó el crecimiento del cine en Italia. ¿Qué tipo de cine? Un cine propagandístico, claro, que servía para esparcir una ideología y una moral deseada, pero cine al fin.

La relación entre el cine y el fascismo es compleja. El final de la Primera Guerra Mundial había dejado al cine italiano en crisis: desorganización, costos elevados y tecnología obsoleta hacían que le fuera imposible competir con la gran potencia que ya era por ese entonces Hollywood.

Sin embargo, el régimen fascista supo ver las posibilidades del cine, sobre todo luego de que se hiciera en la década del treinta el traspaso del cine mudo al cine sonoro: en los filmes cabía la posibilidad de difundir su ideología y así reducir la resistencia del pueblo a un régimen totalitario. Para eso, en 1934 el gobierno italiano creó la Direzione Generale per le Cinematografia, con Luigi Freddi como director y, desde la Direzione y con el aval de Mussolini, se creó a su vez, unos años después, una ciudad entera dedicada a la industria del cine. Esa ciudad se llamó Cinecittá y su eslogan era “El cine es el arma más poderosa”.

Cinecittá fue inaugurada el 21 de abril de 1937, en un acto que lo tuvo a Mussolini presente. Fue allí donde las películas italianas encontrar el espacio para desarrollarse y volver a las glorias antiguas: la ciudad contaba con todo lo que necesitaban los cineastas para llevar adelante sus filmes. Teatros, especificidades técnicas (tanto para la producción como para la post producción) y hasta una escuela de cine para los más jóvenes, el Centro Sperimentale di Cinematografia.

Por supuesto, el desarrollo de la Cinecittá no fue un acto altruista para simplemente devolver el cine italiano a la cresta de la ola. Detrás de tanta inversión se encontraba el plan de realizar, desde allí, con los mejores avances tecnológicos posibles, la propaganda que difundiría las creencias fascistas por toda Europa.

Para eso, Benito Mussolini tenía disponible a su hijo Vittorio, quien fundó una compañía nacional, que reunió a grandes autores, directores y actores que trabajaban bajo su visto bueno para exaltar el espíritu nacional.

Entre las temáticas de las películas creadas por esta época, la década de los 30, podemos encontrar aquellas que realzaban el pasado histórico de Italia, la pureza racial de los italianos e incluso que servían para legitimar acciones militares italianas, como Escipión el Africano, de Carmine Gallone, que contaba la historia de Publio Cornelio Escipión, quien le ganó a Aníbal en la Batalla de Zama en el 202 a. C.

Además de Gallone, otros directores que solían colaborar con el fascismo realizando filmes que se adecuaban a los deseos del régimen eran Alessandro Blasetti, Giovacino Forzano, Mario Camerini y Augusto Genina. Forzano, por ejemplo, fue quien dirigió una de las películas más clásicas cuando se analiza el cine propagandístico de la época, titulada Camicia Nera. Estrenada en 1933, conmemoraba los diez años de Mussolini en el poder. Cabe destacar que los llamados “camisas negras” eran parte de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional y el instrumento de preferencia de Mussolini para llevar adelante sus acciones violentas que sometían a todo aquel que se atreviera a oponerse a su régimen.

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https://www.youtube.com/watch?v=Z-aCzRpbYjQ

Claro que las películas propagandísticas no fueron las únicas que se difundieron durante la época. Entre los 30 y los 40 otro gran éxito del cine italiano eran las llamadas “comedias de teléfono blanco”. En ellas se narraban historias divertidas, ligeras, que no podían oponerse a los valores que difundía el fascismo (y que por ello muchas veces centraban sus tramas en países extranjeros o inventados) y que intentaban competir con el cine hollywoodense. Algunos de los títulos más destacados de la época son, por ejemplo, La Segretaria Privata, de 1931, o Gli uomini, che mascalzoni!, de 1932.

Cualquier filme que no cayera en estas categorías, es decir, que no sirviera para difundir la ideología fascista, caía en las garras de la censura y sus creadores podían sufrir la persecución por parte del régimen.

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https://www.youtube.com/watch?v=xCHon529AKc

A pesar de sus grandes inversiones en las producciones cinematográficas, el cine fascista no se destacó por su calidad. Sin embargo, la semilla estaba plantada: el fascismo no sería el último movimiento político en difundir su ideología a través de las pantallas.

Actualmente, el cine y la televisión continúan siendo “las armas más poderosas del mundo” para difundir visiones políticas. Sin ir más lejos, Estados Unidos, quizás la industria más exitosa dentro de lo audiovisual, viene diseminando su “american way of life” a través de las pantallas, con todos sus prejuicios incluidos (los latinos criminales, los musulmanes terroristas, etc.).

Como todo arte, tanto el cine como la televisión no pueden estar ajenos a las visiones políticas de quienes los crean. Por eso, a la hora de ser consumidores de un filme o de una serie, vale preguntarnos de dónde viene, qué mecanismos se movieron para que ese producto viera la luz y si hay alguien detrás tratando de vendernos qué mensaje.

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