El narcotráfico en el cine y la TV: el lado criminal siempre atrae - Spoiler Time
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El narcotráfico en el cine y la TV: el lado criminal siempre atrae

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¿Está mal entonces que nos obsesionemos con las historias del narcotráfico?

No es un secreto que, usualmente, como espectadores, solemos encariñarnos con los malos. Hemos llevado esto al extremo obsesionándonos, en los últimos años, con historias que se sumergen de lleno en el mundo del narcotráfico, llevando al estrellato a figuras criminales del mundo real como Pablo Escobar.

¿Qué es lo que nos obsesiona de estas historias? ¿Será, quizás, la adrenalina que las desborda, siempre con tramas que son una suerte de gato y ratón, esperando a ver cuándo el malo es finalmente atrapado? ¿O será, tal vez, que esos malos, esos criminales, en general representan submundos bajos, que nos atraen por su oscuridad y peligrosidad? Sea como sea, el narcotráfico se ha vuelto uno de los tópicos más trabajados en cine y en televisión desde hace bastante tiempo.

El mundo de las drogas y el narcotráfico llevan muchos años obsesionándonos. Ya en 1955, Frank Sinatra ganó reputación en el mundo del cine gracias a la película The Man with the Golden Arm, que, basada en la novela de Nelson Algren del mismo título, lo llevó a representar a Frankie Machine, un hombre rehabilitado tras una temporada en prisión que, al regresar a su antigua vida, se ve presionado por sucumbir ante los encantos de la droga (no se menciona exactamente cuál, pero se sugiere que podría ser la heroína), mezclado con un bajo mundo donde las estafas y los engaños están a la orden del día.

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https://www.youtube.com/watch?v=z2i5i5tmbJc

Todavía más atrás, pero también un poco después, nos encontramos con otro filme que hoy en día es un cláisco: Scarface. En 1932 se estrenó la primera versión de esta película basada ligeramente en la novela de Armitage Trail, dirigida por Howard Hawks, que contaba la historia de AntonioTonyCamonte, un inmigrante italiano que se alzaría como uno de los gángster más temidos de Chicago.

En 1983, sin embargo, llegaría la nueva versión de Scarface, esta vez a cargo de Brian De Palma y con un Al Pacino inolvidable en el rol de, ahora, Tony Montana, ya no un inmigrante italiano sino cubano que se convierte en un narcotraficante poderoso en una Miami ochentera.

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https://www.youtube.com/watch?v=7pQQHnqBa2E

Aunque violentos y con finales trágicos, los narcotraficantes fueron copando poco a poco las pantallas. Las historias de mafia, de inmigrantes que cruzan el charco y deciden alcanzar la gloria en sus nuevas tierras traficando o que son absorbidos por este mundo turbio nos obsesionan. En la era moderna de la televisión esto se ve claramente: desde Los Soprano y la organización criminal encabezada por el ya mítico personaje encarnado por James Gandolfini, pasando por Breaking Bad, una de las mejores series de las últimas décadas, que nos cuenta el alzamiento de un mero profesor de química a capo mafioso de Albuquerque, hasta Narcos, que narra la lucha encarnizada entre la DEA y Pablo Escobar.

Todas estas series han logrado meternos en la mente de estos criminales, quizás por eso los han transformado de monstruos a personajes hasta queridos por la audiencia. Tanto las series como Los Soprano o Breaking Bad, que muestran criminales ficticios, como Narcos, que nos cuenta una historia verídica, representan de maneras con las que el público puede conectar los dilemas y las relaciones entre estos personajes y quienes trabajan con ellos y/ o para ellos, sus familiares y su constante huída de la ley.

¿Es esto algo bueno? Es difícil decir. Siento cierta ambigüedad cuando veo gente idolatrando al Heisenberg de Breaking Bad o me topo con camisetas con la cara de Pablo Escobar, pero lo cierto es que tanto el cine como la televisión han acercado a estos personajes a la gente y han dado rienda suelta a su obsesión.

Por otro lado, creo que esta proliferación de historias relacionadas con el narcotráfico sí tiene una arista completamente negativa. Al contar y recontar lo que sucedió con Pablo Escobar, con El Chapo Guzmán o, ahora mismo, con Griselda Blanco se pinta una Latinoamérica que parece sometida a una guerra contra las drogas que nunca va a poder ganar.

La mayoría de las producciones que hablan sobre el narcotráfico se hacen desde una perspectiva hollywoodense que, ciertamente, dista bastante de la realidad latinoamericana. ¿Cómo va a entender la industria más glamorosa del mundo lo que es habitar en México, o en Colombia, o en cualquier rincón de Latinoamérica? ¿Qué puede saber de las vicisitudes que se atraviesan, de las carencias y de los sueños que pueblan estas tierras?

Una forma de apreciar cómo las historias de narcotráfico en el cine y la televisión han frivolizado la problemática es la aparición del narcoturismo. El narcoturismo, que antes se relacionaba casi pura y exclusivamente con viajar a los Países Bajos para consumir dentro de sus pintorescos coffee shops ha revelado una nueva vertiente: el ingreso de turistas a sitios en Latinoamérica donde antes se elaboraba droga para los grandes carteles, como Sierra Nevada de Santa Marta.

¿Está mal entonces que nos obsesionemos con las historias del narcotráfico? No, para nada. Estas historias tienen mucha riqueza en sus tramas, con personajes complejos y tensión que nos deja en el borde del asiento. Sin embargo, y por supuesto, hay que escapar de aquellas producciones que romantizan la vida del narco, que lo elevan a un pedestal casi heroico o casi sobrehumano. Ante estas producciones hay que mantener un ojo crítico, que vislumbre las problemáticas de romantizar o súper simplificar historias complejas y personajes complejos, sobre todo si estos están basados en personas reales, que influyeron en la historia reciente de países enteros.

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